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La cita con las urnas para elegir concejos y diputados está a unas cuantas horas

Y es que la vieja y reiterada costumbre de prometer sin cuidarse de honrar lo prometido ya cuando se está en funciones es un factor de descrédito político que incide de manera constante en la falta de credibilidad de toda la actividad política y de sus actores en juego.
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La Prensa Gráfica

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El domingo próximo se realizarán los comicios municipales y legislativos para definir quiénes llegarán a formar los concejos y la legislatura correspondientes al período que va del 1 de mayo de 2018 al 30 de abril de 2021. La campaña ha sido intensa, y tanto los partidos como los candidatos en los distintos ámbitos de la elección han venido exponiendo, desde antes de que se habilitaran los períodos legales para solicitar el voto, una gran cantidad de ofrecimientos y propuestas para el caso de llegar a ocupar las posiciones correspondientes. Si se hiciera un catálogo de todo lo planteado en la campaña se tendría un denso volumen de puntos expuestos y de tareas por hacer.

La experiencia recogida en el curso del tiempo indica que lo que menos hay en los hechos es cumplimiento de compromisos ya cuando los cargos se asumen, y por eso sería muy pertinente que la ciudadanía estuviera cada vez más atenta a lo que se ofrece para contrastarlo de manera puntual con lo que se cumple. Al activar dicha vigilancia con sus respectivas consecuencias podría haber más seriedad en los planteamientos de campaña para futuros eventos electorales. Y es que la vieja y reiterada costumbre de prometer sin cuidarse de honrar lo prometido ya cuando se está en funciones es un factor de descrédito político que incide de manera constante en la falta de credibilidad de toda la actividad política y de sus actores en juego.

Lo que hay que tomar en cuenta como expresión positiva de la campaña presente es que a lo largo de la misma, y hasta hoy, se ha mantenido la normalidad del ejercicio, sin que la violencia se haya manifestado en los hechos competitivos, pese a que prolifera en todos los espacios de la cotidianidad. Esto abona al mantenimiento estable del esquema político, que viene teniendo normalidad básica desde que el régimen democrático tomó carta de ciudadanía allá a comienzos de los años 80 del pasado siglo y aún con mayor firmeza a partir del avance estructural que se produjo como efecto de la solución negociada de la guerra, que hizo posible que todos los actores políticos, sin distingos ideológicos de ninguna índole, pasaran a competir dentro del escenario legal.

Las correcciones y perfeccionamientos que todavía hay que realizar para que el sistema y el régimen se mantengan sanos y confiables deberían ser propósito nacional de primer orden; y los nuevos aires que van penetrando en el ambiente político, provenientes sobre todo de la influencia que gana la juventud como agente espontáneo de cambio, tienen que estimular de manera proactiva el buen desempeño institucional en todos los campos.

Está por llegar el momento en que podremos conocer los resultados de la elección inminente. La institucionalidad electoral está llamada a cumplir su labor de tal manera que dichos resultados sean precisos e irrebatibles. Si eso se logra quedará habilitada la ruta para que los que lleguen puedan responder de inmediato a los desafíos que saturan la agenda nacional. Los ciudadanos tenemos que elegir bien, las instituciones tienen que posibilitar el efectivo desempeño y los que resulten elegidos tienen que honrar desde el primer momento la función que les toca.

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