La ciudad del mañana

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Por Mateo R. Polanco Coautor de “El país que viene”

Como adolescente quería encontrarme, conocer mis raíces y tener una identidad. Identidad que iba a definir quién iba a ser para el resto de mi vida. Nací y había ya vivido por muchos años en Montreal, Canadá, pero por alguna razón había algo en mí que siempre me llamaba tanto de El Salvador. Por cosas de Dios, tomé la decisión de irme a vivir a El Salvador. A enfrentarme a otra cultura que desconocía porque ni el español podía hablar bien.

Así empezó mi peregrinaje en esta hermosa tierra salvadoreña. Al pasar los meses, rápidamente me di cuenta de la dura realidad que enfrenta mucha juventud. La búsqueda de oportunidades, empleo, financiamiento de estudios; pero sobre todo, la búsqueda de identidad, en otras palabras, de sentirse “parte de…”.

En mi experiencia hubo dos factores que realmente fueron mis motores para alcanzar el éxito. Primero fue la fe; en mi caso, la fe en Dios, y luego en los seres queridos, la familia. Estos dos últimos puedo decir con certeza que fueron mi aliento y mano de cada día. Fueron los que me llevaron a descubrir la pasión de mi vida: la arquitectura. Ahí pude encontrarme y expresar todos mis talentos y luego desarrollarlos.

En mis estudios pude darme cuenta de que la realidad que vive el centro de San Salvador no es única, pues también otros países han tenido que enfrentar esta situación social. Países donde la juventud y la sociedad civil se unen y toman un rol importante para buscar una solución que no va a excluir de la ciudad a estas personas, sino más bien incluirlas. Es cierto que cada país tiene su propio contexto, pero creo que es bueno, también, ver qué es lo que otros países han hecho con el mercado informal y los beneficios a largo plazo para las futuras generaciones.

Como jóvenes salvadoreños podemos debatir y cuestionar si en nuestro país se ha definido correctamente “la ciudad”, si es realmente inclusiva y abraza nuestro costumbrismo.Al fin y al cabo somos nosotros los jóvenes el presente y futuro del país y nos compete plantear su rumbo.

¿Cuál es la ciudad que queremos para nosotros, para nuestros hijos?, ¿cuál es la ciudad del mañana? La respuesta a esta pregunta está en cada quien y esa misma respuesta es la que nos llevará a crear regulaciones que darán forma a nuestra querida ciudad.

De aquí a 20 años, por ejemplo, ¿será que tendremos aún estos desafíos sociales por resolver como el mercado informal y el ordenamiento urbano? Posiblemente habrá más mercado informal y más tráfico o posiblemente no. Todo depende de nosotros y todo se puede con fe y esfuerzo. Yo veo una generación de jóvenes comprometidos en la que podamos redefinir nuestra ciudad, que sea más inclusiva y sea más sostenible.

Juntos podemos construir nuestro futuro y la ciudad en que vivimos, la ciudad que amamos tanto. Es importante tomar conciencia de que tenemos la oportunidad de redefinir nuestra ciudad y evaluar si va por buena trayectoria a largo plazo. Yo veo una ciudad que vaya más allá del asfalto, más allá de las autopistas. Veo una ciudad que nos acepte, sin prejuicios, una ciudad con horizonte común. Esa es la ciudad del mañana.

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