La compleja problemática de la inmigración no debe ser tratada con criterios políticos de carácter coyuntural

Entre los amenazados con la deportación en masa están los salvadoreños que han seguido emigrando caudalosamente por las condiciones que se viven en nuestro país.
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Se ha iniciado en Estados Unidos la puesta en práctica de un proyecto de redadas masivas de inmigrantes indocumentados, que tendría como propósito deportar a sus países de origen a miles y miles de esos seres humanos que se dirigieron al Norte por razones de seguridad o en busca de un mejor futuro personal y familiar. Entre los amenazados con la deportación en masa están los salvadoreños que han seguido emigrando caudalosamente por las condiciones que se viven en nuestro país. Según cálculos confiables, bastante más de 2 millones de compatriotas han migrado hacia Estados Unidos a lo largo de estos complicados tiempos de posguerra. Somos, pues, uno de los grupos humanos más perjudicados por la intensiva deportación anunciada.

El solo anuncio de estas medidas ha generado reacciones adversas tanto aquí como allá. El Gobierno salvadoreño se pronunció de inmediato deplorando tal iniciativa, que viene en un momento en que hay en camino otros esfuerzos destinados a tratar tan compleja y delicada problemática en forma mucho más sensata e integral. Pero también en Estados Unidos se oyen voces contrarias al anuncio deportador, pues no hay que olvidar que la campaña electoral estadounidense se halla en fase intensiva, con todas las acciones y reacciones que eso acarrea, sobre todo en un momento como el actual en el que nadie parece tenerlas todas consigo de antemano.

Da la impresión de que un propósito de fuerza como el señalado tiene como intención de fondo hacerle un gesto de cercanía al fuerte espíritu antiinmigrante que ha venido ganando terreno en la gran nación del Norte, y que sin duda se está haciendo presente en la campaña en marcha. Pero lo cierto es que un fenómeno de la complejidad y de la trascendencia que tiene el impetuoso flujo migratorio que está sobre el terreno hace ya tanto tiempo no puede ser enfrentado con posibilidades reales de solución por la vía de la fuerza, aunque desde luego hay que hacer todo lo posible por preservar el orden legal, que tendría que ser ajustado y reformado para adaptarlo a las condiciones de una realidad que nadie puede ignorar.

No hay que olvidar en ningún momento que en toda esta temática hay múltiples factores que tienen importante incidencia, comenzando por el factor humano. Esto lo hemos subrayado cada vez que ha correspondido hacer referencia al punto. Y es que las migraciones, en cualquier tiempo y lugar, están íntimamente vinculadas con las condiciones de vida, sean sociales, económicas, políticas o de seguridad. En lo que corresponde a El Salvador, en las circunstancias presentes ya no hay motivaciones directamente políticas como en el pasado, sino económicas y de seguridad. También impulsa a irse fuera la sensación de que no hay futuro esperanzador en el país.

Sólo el realismo de los métodos que se empleen para tratar las situaciones migratorias irregulares puede garantizar salidas satisfactorias y estables. Para eso tienen que trabajar articuladamente y de manera continua tanto los países de origen como el país de destino, porque el fenómeno los abarca a todos, en diversas instancias, niveles y proyecciones. Insistir en medidas coyunturales de fuerza lo único que logra es complicar más lo que ya está suficientemente enredado por las condiciones de la realidad. Y si la política mete la mano para promover intereses todavía es peor.

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