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La comunidad nacional está ansiosa por ver despuntar desde todos los ángulos señales convincentes de que el país tiene horizontes

Una sociedad sin valores en movimiento acaba siendo un fantasma de sí misma. Para evitar dicho riesgo hay que instalar en todos los puntos claves del desenvolvimiento social focos de irradiación motivadora de conductas correctas y constructivas.

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Por David Escobar Galindo, escritor

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Y el principal de tales desafíos era crear verdaderas condiciones democráticas para que la sociedad salvadoreña en su totalidad sin excepciones ni distingos pudiera desarrollarse como un espacio humano abierto a todos los horizontes del progreso. La nueva etapa se abrió con buenos augurios, porque haber superado un conflicto como el que vivimos por más de una década, con sus antecedentes traumatizantes que se movieron a lo largo de bastante tiempo, daba motivos para tener confianza en el futuro; sin embargo, las iniciativas innovadoras fueron perdiendo fuerza porque las voluntades de cambio no se hicieron valer como era debido, y así llegamos a este momento en el que lo que sobresale son las cosas por hacer.

La lista de tareas pendientes es variada y multicolor, y aquí sólo vamos a mencionar tres de ellas: ir liberando el ambiente político y social de nublazones artificiosas; apostarle de veras a la potenciación de la convivencia pacífica; y fortalecer la vigencia de los valores que posibilizan el progreso y estimulan la autorrealización.

Eso que llamamos nublazones artificiosas son los más perturbadores efectos del desaliento y de la frustración, que están hoy tan en boga en todas partes. Aunque pueda parecer ingenuo o iluso, hay que estimular la cultura del optimismo, porque es en dicha cultura donde siempre se han sentado las bases del desarrollo en cualquier tiempo y lugar.

La convivencia pacífica nunca se da por efecto mecánico: la interacción social hay que construirla y apuntalarla constantemente. Y para que dicha convivencia pueda ser habilitada en serio hay que aplicarle dos fertilizantes insustituibles: respeto y oportunidades. Respeto a todas las diferencias imaginables y generación de oportunidades disponibles sin excepciones.

Los valores son las llaves del avance hacia los horizontes de la realización en todos los órdenes de la vida personal y social. Una sociedad sin valores en movimiento acaba siendo un fantasma de sí misma. Para evitar dicho riesgo hay que instalar en todos los puntos claves del desenvolvimiento social focos de irradiación motivadora de conductas correctas y constructivas. Los seres humanos necesitamos perspectivas, y las perspectivas siempre tienen horizontes.

Dentro de esa lógica elemental, lo que los salvadoreños estamos anhelando con imperatividad notoria es que los horizontes del futuro nos sean visibles para medir la posibilidad cierta de que sean alcanzables. Sólo si eso se produce nos sentiremos capaces de mover energías en dirección hacia adelante.

Los salvadoreños nunca hemos sido especialmente habilidosos para visualizar el futuro, pero a lo largo del traumático desenvolvimiento de nuestro dificultoso proceso evolutivo hemos tenido que ir aprendiendo a ver hacia adelante en forma proyectiva. Eso nos hace andar en busca de horizontes alcanzables, sea cual fuere su configuración estructural.

Estamos en 2019, y el año trae consigo perspectivas que son inéditas en muchos sentidos. Eso nos pone ante una nueva dimensión de nuestro futuro, y para eso hay que darles fuerza de realidad a todos los signos inspiradores que se hacen sentir día tras día.

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  • David Escobar Galindo

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