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La configuración política de la nueva legislatura debe servir para propiciar gobernabilidad

Lo ocurrido el 4 de marzo debería convertirse en estímulo determinante para impulsar dicho propósito de manera coherente y responsable. Ya no podemos seguir a salto de mata, sin atender las señales ordenadoras que nos presenta a diario la realidad.
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La composición de la legislatura que entrará en funciones el 1 de mayo del año en curso presenta novedades que no tienen precedentes en el ya sobrepasado cuarto de siglo que lleva corrida la democratización desde que el fin de la guerra posibilitó que se abriera el escenario para que todas las fuerzas, sin distingos ideológicos, pudieran competir libremente. Eso se refleja en las posibilidades de lograr mayorías simples y mayorías calificadas con alianzas partidarias muy diferentes a las que ahora se necesitarían para configurar dichas mayorías. El partido ARENA es, sin duda, el principal beneficiado de esta nueva composición legislativa; pero, dadas las condiciones en que se está moviendo ahora mismo la realidad nacional, dicho partido es también el que queda más comprometido a sacar adelante la dinámica política en función del interés general.

Si algo viene reiterándose ya sistemáticamente en nuestro ambiente político y gubernamental es la falta de consistencia y de previsibilidad en el manejo de los asuntos públicos. Esto se manifiesta en los hechos de una forma muy negativa, y la comprobación de ello la tenemos en los diversos trastornos y vacíos que impiden que el proceso nacional, distorsionado y traumatizado en tantos sentidos y formas, pueda ir dando todo de sí, como lo exige la dinámica de un verdadero progreso. No es de extrañar, entonces, que las inseguridades sociales proliferen y que los malestares ciudadanos tengan tanta presencia en la cotidianidad general. Todo esto tendría que merecer mucha más atención por parte de aquellos que están llamados a cumplir sus roles de manera comprometida y eficaz.

La falta de previsión política genera graves inconsistencias y provoca múltiples extravíos en los ámbitos del ejercicio real. Una prueba dramática de ello la tenemos ahora mismo a la mano con las sorpresas y las ansiedades que saltaron de inmediato al conocerse lo que dejó dicho la ciudadanía en las urnas. Nadie esperaba este veredicto popular porque nadie supo prestarle atención suficiente y sucesiva a las variadas expresiones que vienen haciéndose presentes en los distintos ámbitos y niveles de la sociedad civil.

Reiteramos el imperativo de generar gobernabilidad y de lograr que la misma gane sostenibilidad en el tiempo. Lo ocurrido el 4 de marzo debería convertirse en estímulo determinante para impulsar dicho propósito de manera coherente y responsable. Ya no podemos seguir a salto de mata, sin atender las señales ordenadoras que nos presenta a diario la realidad. No hay que llorar sobre el agua derramada ni quedarse festejando los regalos de la suerte: el hecho de que haya unas elecciones tan cruciales a la vista es factor decisivo para asumir racionalidad.

Quedan aún decisiones pendientes en cuanto a candidaturas y en cuanto a ofertas gubernamentales para lo que viene. Hay, pues, un doble reto: trabajar con la debida urgencia y con la necesaria inteligencia.

Ya está sobradamente comprobado que la ciudadanía se halla pendiente minuto a minuto de lo que se dé en el escenario político, y por consiguiente nadie puede darse el lujo perverso de enclaustrarse en lo propio.

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