La construcción de una dictadura

En las dictaduras, a los pobres les reparten –cuando alcanza– paquetes de comida, mientras los acólitos del falso ídolo se hacen multimillonarios. Una muestra de esa visión excluyente del "desarrollo" que rige en CAPRES es el contexto de la anunciada alucinación de una ciudad bitcóin para privilegiados.

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S. Enrique Anaya - Abogado constitucionalista

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Para entender la realidad salvadoreña es esencial reconocer que desde el 1 de mayo de 2021, el país está en una situación de anormalidad democrática: desde ese día dejamos de ser una frágil democracia, para convertirnos en un régimen autocrático, en el cual no se cumplen las reglas básicas y elementales de una democracia. Por eso, he dicho y reitero, El Salvador no es una democracia.

En efecto, elementos de la democracia son, entre otros y de acuerdo con la Carta Democrática Interamericana, desde una perspectiva orgánica, la separación e independencia de los poderes públicos; desde una perspectiva subjetiva, el respeto de los derechos humanos y las libertades fundamentales; y, desde una perspectiva funcional, el ejercicio del poder con sujeción al estado de Derecho.

Pues, siendo realistas, nada de eso tenemos hoy día en El Salvador:

No hay separación e independencia de poderes públicos, al grado que tanto la Asamblea Legislativa (AL) como la Corte Suprema de Justicia (CSJ) son simples comparsas del poder ejecutivo (CAPRES), reducidos a meros figurantes, sin poder real de decisión.

Derechos fundamentales como la libertad de expresión, la libertad de asociación y el acceso a información pública son cotidianamente vulnerados en el país, al grado que desde el oficialismo se ataca y persigue a la prensa independiente y a voces críticas (ahora hasta con acciones judiciales espurias); así como se intimida y amenaza a la academia y a organizaciones de la sociedad civil: a tales vulneraciones pronto se añadirá, con la aplicación de la ley de expropiaciones inmobiliarias, la violación al derecho de propiedad.

Y el ejercicio del poder no se sujeta, ni de forma ni de fondo, al estado de Derecho, sino que se obvian las reglas jurídicas de cualquier jerarquía, desconociendo la Constitución, tratados internacionales y leyes secundarias: así, lo que rige actualmente, cada día más, es una desnuda arbitrariedad, sin ningún control.

Por ello, no tengo reparo en admitir –y, al mismo tiempo, denunciar– que lo que actualmente afronta El Salvador es el proceso constructivo de una dictadura, que se intentará consolidar con el anunciado fraude electoral de 2024: la sola participación del actual presidente en dicho proceso electoral, buscando la reelección, supondrá una elección viciada (es importante tener en cuenta, al respecto, que a pesar de la infame labor de quienes usurpan funciones y despachos en la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia, al firmar un papel chuco dedicado a reescribir la Constitución, en El Salvador, la reelección presidencial inmediata está constitucionalmente proscrita).

La terrible consecuencia de la construcción y consolidación de una dictadura es que representa una maldición para la mayoría de la población, en tanto constituye una condena a la pobreza, a la miseria, a la imposibilidad de progreso: en las dictaduras, a los pobres les reparten –cuando alcanza– paquetes de comida, mientras los acólitos del falso ídolo se hacen multimillonarios.

Una muestra de esa visión excluyente del "desarrollo" que rige en CAPRES es el contexto de la anunciada alucinación de una ciudad bitcóin para privilegiados: al mismo tiempo que el presidente desvariaba y festejaba con extranjeros, a algunos diputados de la bancada oficialista no les permitieron el ingreso a la fiesta.

Esa es la verdadera "cara" de la dictadura que se busca consolidar en el país: crear, a modo de secta, un pequeño grupo de privilegiados, excluyendo a la mayoría de la población y quizá, solo si al falso ídolo le da la gana y un día amanece generoso, repartir algunas migajas a quienes le sirven, ya sea como ministros, diputados, magistrados, difamadores o bufones.

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