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La corrupción corroe las sociedades

De las causas por las cuales los países no progresan es por la corrupción de sus gobernantes y quienes los rodean, cómplices o corruptores. La corrupción es tan antigua como la humanidad, inherente al ser humano. Durante siglos los tiranos, emperadores feudales o reyes la imponían por la fuerza de las armas. No había leyes para juzgarlos y condenarlos, pero el pueblo se sublevaba eventualmente y hacía matar a los barones feudales por sus pares que se quedaban con el botín.

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Rafael Castellanos / Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

Rafael Castellanos / Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

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Los reyes de Francia fueron decapitados, los zares de Rusia fueron ajusticiados y “el pueblo” la plebe tomó el poder, hubo mucha sangre y poco progreso. Junto a la corrupción estaban presentes los abusos a los ciudadanos, la falta de libertad, la enorme brecha social y económica entre los reyes o zares y su corte, con el pueblo del que recaudaba los impuestos para pagar el funcionamiento del Estado y sus propios lujos opresivos y extravagantes.

Ni la revolución francesa que decapitó a los reyes y cambió el orden político, ni la de los rusos en que predominaron los bolcheviques de Lenín, apaciguaron a un país y lo condujeron por una senda de recuperación y progreso. Ambos, cada cual a su manera, organizaron cacerías de brujas y mataron a miles sin razón ni juicio justo, en París los ríos de sangre provenientes de la guillotina corrían por sus calles y dejaron su tufo por años. ¿Robaron? Unos sí, otros repartieron propiedades a sus familias. Los que los sucedieron hicieron igual. Lenín era más corrupto por el poder, su tiranía no admitía sospechas o de manera absolutamente arbitraria, él o sus comisarios mataban, repartían propiedades o hijas bonitas de “sospechosos”, de arreglar el país nada. Lógicamente la corrupción se extendía hacia abajo en menor grado y corrompió de nuevo la sociedad. Hubo corrupción en Roma y hundió el imperio. Así se hundieron muchos más en la historia y los ejemplos abundan.

En la modernidad el deseo de hacer dinero fácil desde el poder no se corrigió y se ha visto corrupción siempre, vinculados a las monarquías europeas, dictadores asiáticos, políticos estadounidenses, canadienses, españoles... y no se diga en América Latina, bien heredada de sus diferentes sangres, la corrupción siempre asoma su fea garra por todos lados.

Sin embargo la corrupción es a mayor escala cuando los gobernantes tienen el poder absoluto. Se dice que una de las fortunas mayores del mundo es la de Fidel Castro y su familia que han ordeñado por décadas la ayuda a una nación pobre, Cuba, la ayuda de la URSS antes, luego, su gran descubrimiento, Venezuela. Nadando en petróleo y con un discípulo fiel y avanzado, siguieron mamando de esa teta, al tiempo que Hugo Chávez y su camarilla hicieron lo propio, Maduro no se quedó atrás, de esa fuente se enriqueció Kirchner, Correa, Morales, Ortega, cientos de venezolanos de los altos mandos y paremos de contar que no alcanza la columna.

En la reciente catástrofe del FMLN muchos de sus militantes expresaron su descontento con el descalabro en que tiene al país, en su verticalismo y falta de oportunidades para otros, pero resintieron más que se enriquecieran, ostentándolo y en que protegieran a sus corruptos. El exilio dorado y descarado de Funes, las “embajadas” creadas para los Sres. Reyes y Merino, señalados de investigación por irregularidades les pegaron tan duro como no lo imaginaron.

La corrupción siempre aparece, pero carcome las sociedades, hay que combatirla.

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