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La crisis del posneoliberalismo

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En la segunda mitad del siglo XX, América Latina y el Caribe transitaron de las dictaduras militares al neoliberalismo. La revolución cubana fue la única sobreviviente de los diversos intentos de construir –en Panamá con Torrijos, en Perú con Velasco Alvarado, en Bolivia con Juan José Torres, en Nicaragua con la revolución sandinista, y en Granada con Bishop– una alternativa al capitalismo dependiente. Pero a fines del siglo XX, tras la victoria electoral de Hugo Chávez en Venezuela, se produjo un proceso de emergencia y consolidación de proyectos posneoliberales en un importante número de países de la región y el surgimiento de nuevas formas de integración regional no sometidas a actores extra-regionales como EUA.


En el año 2014, junto al descenso de los precios del petróleo y de las materias primas, comenzó a observarse una crisis de los gobiernos posneoliberales y el ascenso de una “nueva derecha” en ellos con características específicas, y con algunas diferencias de las derechas en el poder en los países con gobiernos neoliberales. Este proceso se concretó en los últimos años con los cambios de gobierno en Argentina, Brasil y Ecuador en los que las fuerzas conservadoras, ahora con la agenda de la “nueva derecha”, están asumiendo el control del Estado.


Ante esta crisis de hegemonía de los gobiernos progresistas, han surgido distintas críticas. Unos señalan que el problema ha sido no desmontar la hegemonía del bloque social en el poder avanzando hacia una economía socialista. Para otros, todos estos proyectos son revolucionarios y por distintas vías transitan hacia el socialismo del siglo XXI. Hay quienes los critican frontalmente por su carácter de economías extractivistas, muy dependientes de la exportación de materias primas. Por último, están los que señalan que muchos de estos procesos perdieron su vocación transformadora y se paralizaron en los cambios, sin ser capaces de modificar el modelo económico y político sustancialmente.


Durante los últimos 20 años, los gobiernos posneoliberales impulsaron cambios políticos, intentando construir un nuevo Estado plenamente soberano para las mayorías sociales, disminuyendo la pobreza y la miseria, ampliando las clases medias y reduciendo las desigualdades. Sin embargo, presentaban debilidades y contradicciones. 


En primer lugar, la economía se manejó inadecuadamente. Las políticas asistenciales se hicieron sin exigir un esfuerzo como contrapartida y sin crear una conciencia del valor de los bienes que se entregaban. El modelo productivo no se modificó. Se aprovechó una coyuntura de altos precios del petróleo y de las materias primas, de la demanda china y de otros actores, y con los excedentes de estos ingresos se financió las políticas sociales. Al bajar los precios, ya no hubo recursos para hacer políticas sociales.

Por otra parte, en muchos de los gobiernos posneoliberales apenas hubo cambios en el sistema político y en el sistema fiscal. En Bolivia, Ecuador y Venezuela hubo algunos cambios importantes al respecto, pero no así en Argentina, Brasil y Uruguay. Finalmente, se produjeron fenómenos de corrupción en algunos de los dirigentes y funcionarios de los proyectos posneoliberales, que han deslegitimado sus objetivos políticos y económicos.


Algunos autores consideran que los gobiernos posneoliberales que aún se mantienen en el poder están en una encrucijada, precisamente por su incapacidad para profundizar el proceso de cambio, brindando así posibilidades a las fuerzas de la nueva derecha y abriéndoles el camino para su retorno al poder.
 

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