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La crisis financiera y la probidad del gasto

El manejo de los fondos que percibe el Estado, como los de una empresa, una tiendita o del hogar, parte de una base lógica hasta una técnica, no gastar más de lo que se tiene, ya sea en un momento dado o a futuro, a veces los gobiernos lo hacen “con sombrero ajeno”, provenientes de obsequios que brindan empresas para beneficio de una entidad, escuela, etcétera, una buena administración trata por todos los medios posibles de hacer lo más con lo poco de que dispone, se llama racionalizar el gasto, estableciendo prioridades, no las ilusiones que desea, si queremos repartir riqueza, primero hay que crearla; en todo caso lo importante es saber priorizar el gasto y la inversión, donde funciona la mente, capacidad para saber proyectar y hablando de grandes cantidades millonarias se requiere de expertos para aproximarse a los ingresos esperados.
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Las ambiciones sin medida llevan al emprendedor o al gobierno al fracaso económico y financiero de cualquier estructura que sea, en un país es el gobierno quien decide lo que desea, gastar más e invertir menos, el primero no retribuye en tanto que el segundo sí puede lograr beneficios materiales, económicos o bienestar social, sabiendo manejar los recursos con inteligencia, honradez y eficiencia, los gastos innecesarios significan falta de probidad.

Una empresa efectúa donaciones para fines benéficos cuando forman parte de sus ganancias, no del fondo productivo o de sus gastos corrientes, el Estado debería tener excedentes sustanciales de sus gastos e inversiones programadas anualmente para poder regalar zapatos, ropa, pensiones a quienes no han cotizado y un sinfín de obsequios, incluyendo la propaganda respectiva, de no contar con ese dinero ni en presente ni en futuro, solo podría entenderse o dejar a la imaginación de la población, que se trata de comprar voluntades y levantar imágenes sin fundamento, pues luego hay que pagarlos con préstamos bajo cualquier modalidad, hasta llegar al borde de la quiebra, crisis fiscal o el momento del no pago, que baja la calificación del país.

Cabe preguntarse por qué en tantos lustros de existencia como nación, hasta este año se da este fenómeno de crisis, no obstante que según estadísticas oficiales, en los últimos tres años es cuando más dinero se ha recaudado por el fisco, algunos dicen que cinco veces más que hace 20 años, producto de una treintena de nuevos impuestos, ¿dónde estará ese dinero?

Recordemos que el general Maximiliano Hernández Martínez logró cancelar toda la deuda que tenía el país y mandó colocar una placa en la Asamblea Legislativa de “No más préstamos” para endeudar a la nación, aun cuando se hicieron grandes obras como la carretera Panamericana, el puente Cuscatlán, que se hizo desaparecer, creó el Banco Hipotecario, etcétera, pero la moda de hoy es todo lo contrario hasta llegar al 60 % del Producto Interno Bruto, y no termina, suma y sigue, se exigen $1.2 millones, ignoramos si ese incremento de ingresos obtenidos en estos años ya estaba presupuestado a gasto o a inversión, si era o no mejor pagar o abonar a la deuda y si era o no imprescindible, urgente o redituable en beneficio de los ciudadanos o si en la medida que se aumenta así se malgasta en favores partidarios, en fin, se desconoce si se racionaliza ese gasto, todo queda a la imaginación de quien se da cuenta de que hay aumentos de ingresos pero que no hay dinero para pagar lo esencial u obligaciones establecidas por las leyes, la falta de integridad que significa falta de probidad.

Tags:

  • gasto
  • inversion
  • prioridades
  • austeridad
  • préstamos

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