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La crisis fiscal y la inmortalidad de un país

De cierta manera se cree que cuando las situaciones financieras hacen crisis, “se ha tocado fondo” y que las cosas tienen una finalización, punto que irremediablemente se alcanzará o sucederá por el orden natural del funcionamiento social o por la consecuencia lógica de haber transgredido las reglas básicas del sano proceder, por ejemplo, gastar más de lo que se tiene, concentrarse en pocas fuentes de ingresos, pagar deuda con más deuda aumentando la deuda, y con ello pagar demasiados intereses y no en otros factores que aumenten los ingresos, caer en demasiada rigidez en los gastos, etcétera.
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En ese mismo sentido, la situación fiscal que atraviesa El Salvador es muy delicada. Sin embargo, me gustaría referirme a que un país tiene características propias. De manera contraria a un enfermo, un país no puede morir –195 años de existencia ya es bastante tiempo. Un país puede dejar de percibir algunos recursos, pero siempre recibe ingresos; por otro lado, un país sigue debiendo y sobre lo que debe sigue pagando intereses. Un país nunca se puede detener, la vida sigue expandiéndose, los niños siempre nacen, siguen yendo a la escuela y no dejan de aprender. El territorio no puede evaporarse o desaparecer. Las personas continúan, día a día, trabajando, realizando esfuerzos por encontrar trabajo para sobrevivir y suplir sus necesidades. Las personas siguen pensionándose y los pensionados siguen necesitando su pensión.

También, un país está en un contexto globalizado, lo cual implica que lo que acontezca en El Salvador está totalmente conectado con sus alrededores. Por ejemplo, la realidad de El Salvador impacta las decisiones de los inmigrantes que se van fuera de su patria. También el contexto del país y sus problemas influenciarán lo que la comunidad internacional perciba de Centroamérica, por lo cual los actores internacionales tienen un papel que jugar, y más aún los acreedores internacionales que ofrecieron su valiosa confianza, prestando recursos.

En otras palabras, pase lo que pase, el país siempre continúa en un proceso, es decir, los problemas financieros del Estado no tienen un punto final para pasar a una realidad distinta. Los problemas o se van solucionando o se deterioran aún más, y siempre requieren que su Gobierno tome decisiones, porque siempre demandan gobernabilidad y rumbo. Es posible que en una parte del proceso un Gobierno pueda ser liderado por un partido político A, pero siempre en el futuro el mismo proceso de deterioro tendría que ser asumido por otro Gobierno, ya sea del partido A o por el partido B, por lo que la fortaleza no está en evitar negociar sino en saber negociar.

Después de que han transcurrido muchos años, en los que la situación fiscal se ha agravado y aun cuando dicha dinámica toque fondo, me sigue pareciendo que una crisis será oportunidad de rectificar el rumbo equivocado que se ha seguido, y el país continuará requiriendo un acuerdo fiscal integral, que se cumpla y se mantenga en el tiempo, y que emerja una transición. Esa necesidad no desaparecerá con una crisis fiscal; por el contrario, debido a que un país es inmortal, la presión sobre los partidos políticos por un acuerdo que efectivamente mejore las finanzas públicas solamente aumentará, aumentará y aumentará.

Tags:

  • finanzas
  • crisis financiera
  • economia

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