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La cruz no es solo un símbolo

“No llevar la Cruz solo como un símbolo de pertenencia, como un distintivo, sino mirar al Crucificado como a este Dios que se he hecho pecado para salvarnos”, dijo el papa Francisco en una de sus homilías.

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Tres veces Jesús en el Evangelio dice a los fariseos: “Morirán en sus pecados”, porque tenían el corazón cerrado y no comprendían aquel misterio que era el Señor.

 

Además, en su diálogo con ellos, Jesús recuerda: “Cuando habrán levantado al Hijo del hombre, entonces entenderán que Yo soy y que no hago nada por mí mismo”. La referencia de Jesús es a cuanto sucedió en el desierto cuando el pueblo, que no podía soportar el camino, “se aleja del Señor” y “habla mal de Moisés y del Señor”. Llegan las serpientes que muerden y causan la muerte.

 

Entonces el Señor dice a Moisés que haga una serpiente de bronce y que la ponga sobre un asta: de modo que el que hubiera sido mordido, sería curado si la miraba.

 

La serpiente es el símbolo del diablo, “el padre de la mentira”, el padre del pecado, el que ha hecho pecar a la humanidad. Y Jesús recuerda que cuando será levantado, todos irán hacia Él.

 

Y este es el misterio de la Cruz. La serpiente de bronce curaba, era signo del pecado hecho por la serpiente, de la seducción de la serpiente, de la astucia de la serpiente; y también era señal de la Cruz de Cristo.

 

San Pablo dijo que Jesús se hizo pecado y que quien no reconoce en aquel hombre levantado “la fuerza de Dios que se hizo pecado para salvarnos, morirá en el propio pecado”: La salvación solo viene de la Cruz, pero de esta Cruz que es Dios hecho carne. No hay salvación en las ideas, no hay salvación en la buena voluntad, en el deseo de ser buenos. La única salvación está en Cristo crucificado, porque solo Él, como significaba la serpiente de bronce, ha sido capaz de tomar todo el veneno del pecado y nos ha curado allí.

 

Pero ¿qué es la Cruz para nosotros? Sí, es el signo de los cristianos, es el símbolo de los cristianos. Y nosotros nos hacemos el signo de la Cruz, pero no siempre lo hacemos bien, a veces lo hacemos con precipitación, porque no tenemos esta fe en la Cruz.

 

Otras veces, para algunas personas es un distintivo de pertenencia: ‘Sí, yo llevo la cruz para hacer ver que soy cristiano’. Otros llevan la cruz como un ornamento.

 

Dios dijo a Moisés: El que mire a la serpiente será curado. Jesús dice a sus enemigos: ‘Cuando habrán levantado al Hijo del hombre, entonces conocerán’. El que no mira la Cruz, así, con fe, morirá en sus propios pecados, no recibirá aquella salvación.

 

La Iglesia nos propone un diálogo con este misterio de la Cruz, con este Dios que se ha hecho pecado, por amor a mí. Y cada uno de nosotros puede decir: ‘Por amor a mí’.

 

Para nosotros, llevar la Cruz es cumplir cada uno con nuestras obligaciones con la familia, con la sociedad, con el país, con el mundo. Dios espera mucho de nosotros y no podemos perder el tiempo, esperando quizá mejores momentos. Debemos actuar ya: el tiempo apremia, mañana ya puede ser demasiado tarde.

 

Eso es llevar la Cruz. Y eso es lo que espera Dios de nosotros. Él no quiere teorías, ni vanas ilusiones, ni buenas intenciones; quiere hechos de amor a Dios y a los demás por Dios, algo tangible, que se podría medir.

 

 

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