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La cuestión educativa debe ser asumida con la máxima prioridad para que el país pueda salir de veras adelante

Y ahora lo que viene tendrá que ser la comprobación en el terreno de lo que se planificará y ejecutará en esa área tan decisiva.

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El tema de la Educación Nacional viene estando presente en el ámbito de los cuestionamientos nacionales desde hace ya largo tiempo, porque es evidente que en los hechos de la vida real todo lo que se refiere a este tema forma parte del destino tanto de las personas individualizadas como del entramado social en su conjunto. Los salvadoreños hemos visto crecer, sobre todo en las décadas más recientes, desde fines de los años 60 del pasado siglo, un fenómeno muy adverso y deplorable de disfuncionalidad educativa, que ha ido generando distintas formas de disfuncionalidad, que se multiplican al ritmo de los tiempos, que es hoy cada vez más acelerado. Y en la base de todo ello está la incapacidad creciente de darle al sistema educativo el tratamiento que corresponde precisamente a su condición de sistema. Los enfoques dispersos y desalineados son los peores enemigos de la verdadera funcionalidad.

A estas alturas, el deterioro de las estructuras físicas dedicadas a prestar los servicios educativos va de mal en peor, el magisterio nacional ha carecido de los estímulos adecuados para asegurar su crecimiento y su distribución suficiente y satisfactoria en el terreno, la inseguridad imperante en las comunidades del país hace que la deserción escolar prolifere y los mecanismos de modernización de la enseñanza son desfasados y raquíticos. Específicamente en lo que a la deserción escolar corresponde, según un informe reciente sobre el impacto del desplazamiento forzado sobre los derechos de la niñez y de la adolescencia, en los años 2017 y 2018 siete de cada 10 estudiantes que abandonaron las aulas lo hicieron debido al accionar de las estructuras pandilleriles que se territorializan sin cesar. Esta cruel realidad debe ser tratada de inmediato como lo que es: un atentado directo a los más vitales derechos ciudadanos.

Estamos ahora mismo ante el arribo inminente de una nueva gestión gubernamental, que entrará en funciones el próximo 1 de junio, y hay múltiples expectativas al respecto. En lo que al área educativa corresponde, el Presidente entrante ha designado ya a una persona del sexo femenino, con amplia formación y experiencia, para hacerse cargo del Ministerio correspondiente. Y ahora lo que viene tendrá que ser la comprobación en el terreno de lo que se planificará y ejecutará en esa área tan decisiva. Eso se empezará a ver desde el mismo instante del inicio de labores.

Dos temas son vitales de entrada: la modernización real y funcional del sistema educativo en su conjunto y el aseguramiento progresivo de que las condiciones de seguridad en los distintos ambientes nacionales permitan una dinámica educativa normal. Lo primero es responsabilidad prioritaria de los encargados de la conducción educativa y lo segundo es una tarea de mucho más amplio alcance, que la institucionalidad respectiva debe encarar a fondo y en pleno.

La nueva Ministra ha hablado ya de un enfoque de educación integral, en el que la actualización tecnológica, el mejoramiento sustancial de las condiciones físicas del aparato educativo, la ampliación y eficientización del sistema de becas y los estímulos a los maestros para que puedan cumplir a cabalidad con su misión, entre otras cuestiones, se hagan realidad en el plano de los hechos. El esfuerzo planteado es enorme y de altísimos costos económicos, y por ello hay que emprenderlo con el máximo realismo posible y el mayor empeño de efectividad. Lo más importante, en todo caso, es que se vaya desde el inicio por el rumbo correcto.

Tags:

  • educación
  • disfuncionalidad
  • deserción escolar
  • modernización

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