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La defensa de la libertad de expresión es una de las tareas democráticas básicas

Entre las libertades más en riesgo la libertad de expresión y la libertad de prensa están en primera línea. Esto se vive en el día a día, bajo diversas formas; y representa ya uno de los signos más negativos y deplorables de los tiempos que corren.

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En este mundo sofocado por tantas amenazas y asediado por tantos peligros, la normalidad de la vida se ve perturbada constantemente en sociedades y países de todas las latitudes. La globalización se expande en todos los sentidos, y así como hay muchas expresiones positivas de ella también se dan fenómenos muy negativos a lo largo y a lo ancho del mapamundi. Nuestra región latinoamericana es un muestrario vivo de todo ello, y uno de los puntos más sensibles al respecto es el que corresponde a la suerte que está corriendo el régimen de libertades en nuestros países, dentro de una problemática que no deja de complicarse y que pone crecientemente a prueba la viabilidad de los esquemas políticos y socioeconómicos.

Entre las libertades más en riesgo la libertad de expresión y la libertad de prensa están en primera línea. Esto se vive en el día a día, bajo diversas formas; y representa ya uno de los signos más negativos y deplorables de los tiempos que corren. Y resulta verdaderamente paradójico que sea en esta época, en que la democratización ha tomado tanto impulso pese a multitud de condiciones adversas, cuando las libertades básicas se hallen enfrentadas a ataques tan destructivos y a sabotajes tan persistentes. Son sin duda las resistencias del poder a funcionar con la corrección y la transparencia debidas las que más inciden en este fenómeno.

Es claro que la vigilancia ciudadana tiene que ponerse cada más atenta a lo que ocurre en este campo, y que el foco de las organizaciones encargadas de velar por el buen desempeño de la libertad de expresión debe estar puesto siempre sobre los riesgos que corre la misma. Es el caso de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), que acaba de realizar su 73ª. Asamblea General Bianual. En el informe resultante se hace referencia a que la tendencia de muchos gobiernos va dirigida a someter a los comunicadores para que no puedan cumplir a cabalidad con su misión; y específicamente en el caso de cuatro países, entre los que se halla El Salvador, “los medios y periodistas independientes son vistos como enemigos”, lo cual es un contrasentido perverso.

Esto obliga a que la salvaguarda de las libertades de expresión y de prensa se mantenga siempre activa en cuanto sea necesario, porque los que las adversan están, como lo muestra la reiterada experiencia de lo que se da en los hechos, dispuestos a perturbarlas y a coartarlas a la menor oportunidad y con todas las maniobras que hallen a la mano. Así tenemos el caso de la “autorregulación ética de la información” contenida en la Ley del Sistema Nacional de Prevención de la Violencia, que sin duda puede prestarse a manejos arbitrarios en contra del ejercicio del periodismo libre e independiente, si no es este su verdadero propósito.

Por fortuna viene creciendo en el ambiente la conciencia de que estas libertades no sólo tienen incidencia en el trabajo de los que ejercemos la labor periodística sino que determinan la buena marcha de todo el sistema de vida, porque si algo necesita la sociedad para ejercer su rol dentro de la dinámica democrática es contar con una información completa y continuada sobre lo que sucede en el diario vivir tanto institucional como social.

En nuestra condición de gestores directos y libres de la información y de la formación de opinión reiteramos la voluntad y el compromiso de no cejar ni un solo instante en la defensa y en la promoción de estas decisivas libertades. Es una tradición ininterrumpida que mantendremos siempre.

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