Lo más visto

Más de Opinión

La demagogia es atentatoria contra el buen desempeño institucional

En estos días por ejemplo, se está dando una de esas prácticas al anunciarse por voceros gubernamentales que se iniciará el análisis de un nuevo aumento al salario mínimo que entraría en vigencia en los inicios de 2019. Eso es a todas luces una iniciativa que sólo busca ganar voluntades electorales tanto para los comicios inmediatos como para los que tendrán lugar dentro de un año.
Enlace copiado
La Prensa Gráfica

La Prensa Gráfica

Enlace copiado

El sano ejercicio democrático exige que los distintos actores nacionales, y muy en particular los actores políticos, ejecuten en la práctica sus respectivos cometidos con responsabilidad, con seriedad y con apego inequívoco al bien común. Si por algo la democracia comienza a fallar en su tarea básica es porque los que en ella participan se apartan de esa línea de principios, con el fin de buscar ventajas ilegítimas, que ponen en entredicho a la institucionalidad específica y al sistema en general. Esto hay que hacerlo ver de manera persistente para desarrollar los mecanismos de salvaguarda correspondientes.

La competencia entre fuerzas políticas, que es un ejercicio constante dentro de la dinámica de la actividad democrática, se les vuelve a dichas fuerzas un desafío sin fin, y por ello las tentaciones de usar los recursos que sea para allegarse voluntades ciudadanas que permitan sacar ventajas en las urnas siempre están a la orden del día. Es ahí donde la demagogia hace lo suyo, sobre todo cuando las visiones partidarias están acogidas al populismo, como es tan común principalmente en los regímenes de izquierda. Y al acudir a la definición que tiene el Diccionario de la Lengua Española se entiende a cabalidad el fenómeno. Según dicho Diccionario, demagogia, en su segunda acepción, es “Degeneración de la democracia, consistente en que los políticos, mediante concesiones y halagos a los sentimientos elementales de los ciudadanos, tratan de conseguir o mantener el poder”.

En un ambiente tan cargado de distorsiones como el nuestro, conservar saludable la democracia debe ser un propósito compartido por todos, y eso significaría poner cada quien lo que le corresponde para asegurar y fortalecer la normalidad en todos los campos. Las prácticas demagógicas son por eso altamente nocivas, y deben ser evitadas y erradicadas por todos los medios posibles. En estos días por ejemplo, se está dando una de esas prácticas al anunciarse por voceros gubernamentales que se iniciará el análisis de un nuevo aumento al salario mínimo que entraría en vigencia en los inicios de 2019. Eso es a todas luces una iniciativa que sólo busca ganar voluntades electorales tanto para los comicios inmediatos como para los que tendrán lugar dentro de un año; y lo más grave es que se enmarca dentro de las distorsiones que se han venido activando para la configuración del Consejo Nacional del Salario Mínimo, del cual el verdadero sector privado ha quedado prácticamente excluido, lo cual es una clara transgresión a lo que la ley establece.

Un factor tan sensible en todo sentido como es el salario mínimo en ninguna circunstancia debe ser utilizado para intentar lograr ventajas electorales, porque lo que en realidad se pone en juego es la salud y la estabilidad del sistema económico. Desde luego, hay que hacer todos esfuerzos sensatos para que haya no sólo salarios cada vez mejores sino también empleos que signifiquen progreso real; lo habría que cuidar siempre es que nada de esto se manipule, y el uso demagógico lo que hace justamente es atentar contra ese progreso real que tanto significa para todos. Hay que mantener una vigilancia constante en áreas como esta, para cortar abusos y evitar atropellos.

Lee también

Comentarios