La democracia es fragmentación

¿Qué deja la lectura de la experiencia mexicana? Hacer pactos por el país es posible siempre y cuando haya responsabilidad, voluntad, confianza y sobre todo, visión de país. Aquí también tenemos experiencia.
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La democracia es una forma de vida en una sociedad organizada, una forma de vida que practica la igualdad de derechos sociales, políticos y económicos. Y esto es independiente del sexo, del color de piel, de la religión, de la ubicación geográfica, de la profesión y la ocupación, de la ideología, de la simpatía partidaria o de la militancia partidaria.

En una sociedad democrática, todos somos diferentes y todos tenemos igualdad de derechos. En una sociedad democrática todos los diferentes tienen libertad de pensar y opinar de manera diferente. Y esto se respeta. En una sociedad democrática, todos tienen preferencias e inclinaciones políticas diferentes. Y esto se respeta.

En una sociedad democrática, hay “espacios para la expresión, la pluralidad y la diversidad”. Y esta es la riqueza. Y por esto, “la democracia siempre deja latente la posibilidad de la fragmentación y de la polarización de intereses e ideologías”. “No hay fórmula mágica para garantizar la integración armónica de esa amplísima diversidad ideológica”.

Estos son mensajes de Francisco Javier Guerrero en su libro “La concertación política en contextos de democracia fragmentada: El caso Pacto por México”. Con esa experiencia, cualquiera afirma que en una sociedad democrática, todos, independientemente de la residencia y del apellido, debemos aprender a vivir y convivir con las diferencia, con la diversidad y con la fragmentación. Hay que vivir con eso y El Salvador no es la excepción.

El análisis del conferencista invitado por FUSADES obliga a reconocer que las ventajas de un sistema democrático radican precisamente en las diferencias, diferencias que tienen como condición y requisito el respeto al pleno derecho de todos y cada uno. Allí se concentra la riqueza y el activo social. El activo está en las diferencias individuales. Esto debe aprender a manejarse. Esto requiere cultura democrática. Y esta cultura democrática tiene como fuente primaria la educación y la socialización en la familia y en la escuela.

El conferencista plantea que en un entorno democrático de práctica y respeto a la igualdad de derechos democráticos hay fragmentación, y es precisamente esta fragmentación la que obliga a buscar fórmulas para concertar. Fórmulas que parten del diálogo, que motiva propuestas y que exige concertación. Fórmulas que necesitan voluntad, tolerancia y capacidad. Fórmulas que deben reconocer dijo “(1) que negociar no significa perder poder; (2) que dialogar no significa claudicar; y (3) que ceder no significa perder”.

Tres exigencias que todos los políticos deben reconocer y ejercitar porque “la esencia de la política es negociar” y “gobernar es pactar” y para esto se necesitan gobiernos y oposiciones responsables. Responsables de identificar temas estratégicos. Responsables de hacer cambios estructurales. Responsables de poner el bien común por sobre cualquier interés particular.

En México se pactaron temas estratégicos que representan cambios estructurales. Implicaron cambios constitucionales. El alcance fue complejo y sensible. Y pactaron. La reforma laboral incluyó desde la productividad hasta la organización sindical pasando por el tema de institucionalidad, salarios y profesionalización. En El Salvador, la discusión se limita al salario mínimo.

La reforma educativa se ocupó de la calidad y puso al educando y a la escuela en el centro del sistema. Regula el ingreso y permanencia de los docentes basándose en el mérito personal. Dejaron el tiempo de servicio en el pasado para hacer prevalecer el derecho del estudiante sobre el derecho del docente. En El Salvador esto se ha dicho una y otra vez, pero el mensaje no llega a los oídos de los diputados.

La reforma de competencia buscó eficacia en la política pública. Abordaron los temas que restringen el funcionamiento eficiente del mercado. Modernizaron normas, ampliaron el catálogo de prácticas anticompetitivas y perfeccionaron técnicas legislativas. En El Salvador, la competencia no se ha tomado en serio y tiene enemigos en el mismo Estado. La Sala de lo Contencioso Administrativo representa un muro para la Superintendencia de Competencia.

El Pacto de México incluyó temas sensibles en la concertación de intereses (energía, telecomunicaciones, financiero); fundamentales para la gobernabilidad (hacendario y disciplina financiera); y temas indispensables para la democracia (político electoral y transparencia y rendición de cuentas). En El Salvador nuestra agenda se limita a la coyuntura.

¿Qué deja la lectura de la experiencia mexicana? Hacer pactos por el país es posible siempre y cuando haya responsabilidad, voluntad, confianza y sobre todo, visión de país. Aquí también tenemos experiencia.
 

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