Lo más visto

La democracia es un enjambre de responsabilidades

La democracia, por naturaleza, es abierta y responsable; y su aplicación a la realidad requiere marco legal actuante, política autocontrolada, orden financiero, estructura ética y secuencia histórica.
Enlace copiado
La democracia es un enjambre de responsabilidades

La democracia es un enjambre de responsabilidades

La democracia es un enjambre de responsabilidades

La democracia es un enjambre de responsabilidades

Enlace copiado
5 de junio de 1997. Formo parte del Consejo Ejecutivo de la UNESCO, que se reúne en la sede principal de París, dos veces al año. En la librería de la Organización encuentro aquel día un libro recién publicado que tiene un título tentador: “Cuestiones sobre la democracia: conceptos, elementos y principios básicos”, de dos autores ingleses, David Beetham y Kevin Boyle, fallecido este último en la Navidad de 2010. Una especie de manual escrito por dos expertos en ese tema y en el de derechos humanos, que son siameses. En aquellos días, nuestra posguerra era incipiente.

Casi 16 años después, las cuestiones sobre la democracia se nos vuelven en el país cada día más palpitantes. Retomo aquella lectura, para revivir reflexiones que puedan conducir a respuestas útiles para el momento histórico que vivimos, que es tanto o más complejo que entonces.

Se dice ahí, con evidente acierto, que la democracia funcional requiere un gobierno abierto y responsable. Gobierno entendido, desde luego, en su dimensión amplia, que comprende todos los llamados poderes del Estado.

Y al analizar el concepto práctico de gobierno responsable, los autores señalan tres tipos de responsabilidad: la responsabilidad jurídica, la responsabilidad política y la responsabilidad financiera. Responsabilidad jurídica, que implica el imperio pleno de la legalidad; responsabilidad política, que es la que se da de cara al electorado y a los mecanismos orgánicos de control público; y responsabilidad financiera, que se refiere a la integridad en el manejo del gasto y a la efectividad comprobable del mismo. Dicen los autores aludidos que evidentemente la responsabilidad suprema es la política, porque se halla instalada en el núcleo del poder.

Desde luego, las formas de responsabilidad antes señaladas necesitan basamentos que les den la debida coherencia y estabilidad, y en ese sentido hay que referirse inevitablemente a otras dos formas de responsabilidad, de carácter englobador: la responsabilidad ética y la responsabilidad histórica. La primera de ellas es la que conecta todo el quehacer estatal con los principios fundamentales del buen gobierno; y la segunda es la que permite asegurar la coherencia en el desenvolvimiento de la dinámica nacional, que viene hilándose en la secuencia pasado-presente-futuro. En resumen, son cinco formas de responsabilidad las que debemos tener siempre presentes no sólo para entender el fenómeno vivo sino, sobre todo, para saber ir articulando los distintos momentos de la evolución en forma constructiva y proyectiva.

Partimos, pues, de dos conceptos básicos: apertura y responsabilidad; y de ahí nos abrimos en un abanico de cinco hojas: imperio de la ley, autocontrol político, disciplina financiera, compromiso ético y coherencia histórica. Todo esto parece, de entrada, eminentemente teórico, pero en verdad es y debe ser inequívocamente práctico. La democracia, por naturaleza, es abierta y responsable; y su aplicación a la realidad requiere marco legal actuante, política autocontrolada, orden financiero, estructura ética y secuencia histórica.

Si alguno de esos componentes falla, todo el edificio está en peligro, y si son varios de ellos los que flaquean o están ausentes, el colapso puede llegar a ser inevitable. Por eso tendríamos que preguntarnos, de inicio: ¿En qué condición real está nuestra democracia respecto de sus componentes y requisitos básicos?

Y la verdad es que está en situación de riesgo por falta de entendimiento nacional básico sobre los mecanismos de defensa y de motivación que requiere para avanzar en forma natural y segura. Al indagar sobre las causas de tal situación, lo que se nos vuelve evidente es que ha habido suficiencia de condiciones pero insuficiencia de voluntades. ¿Y esto qué quiere decir? Pues sencillamente que las circunstancias objetivas han venido siendo propicias pero las condiciones subjetivas siguen presentando una contumacia cada vez más incomprensible.

Ese entendimiento nacional al que arriba nos referíamos es la clave funcional del progreso en todos los órdenes. Y en tanto no tengamos tal entendimiento en funciones no habrá forma de asegurar que nuestro proceso se desenvuelva de manera espontánea, suficiente y sostenible.No se hace en el ambiente el trabajo reflexivo necesario sobre lo que es, lo que significa y lo que demanda la construcción progresiva de una democracia saludable y estable.

Se da por sentado que la democracia está ahí, emproblemada pero presente, como si con eso bastara. Tanto en el plano teórico como en los ámbitos prácticos habría que trabajar más y a fondo para asegurar que nuestro destino democrático se mantenga en pie y con signos vitales cada vez más consistentes. Esta es obligación que nadie debería eludir, para bien de todos.

Tags:

  • gobierno abierto
  • responsabilidad juridica
  • nucleo del poder

Lee también

Comentarios