La derecha moderna

Muchos salvadoreños estamos comprometidos con el pleno goce de las libertades en El Salvador, el respeto al Estado de Derecho, la democracia como sistema político de ejercer el poder; interesados en ver instituciones modernas, fuertes, sanas, proactivas y en constante transformación para servir a una sociedad ávida de una mayor y mejor atención, con servicios oportunos de calidad.
Enlace copiado
La derecha moderna

La derecha moderna

La derecha moderna

La derecha moderna

Enlace copiado
Hacer, innovar o crear políticamente no nos hace necesariamente antagónicos en el acontecer político. De eso se trata cuando se gana una contienda... se hace mejor, se piensa mejor, se crea mejor, se propone mejor, para convencer y finalmente inspirar confianza, esperanza y vencer.

Cuando se tiene visión de país, aun trabajando en diversas trincheras se debe tener una sola causa, un solo entendimiento que nos haga coincidentes, que nos dé un norte claro para actuar de manera conjunta, procurando alcanzar objetivos que beneficien al colectivo. Sin embargo, también es inútil y equívoco intentar ocultar diferencias programáticas, conceptuales y de línea política. Esas diferencias han hecho que la derecha política en El Salvador aparezca en diversas oportunidades ante la ciudadanía con comportamientos y posicionamientos enfrentados, incluso irreconciliables.

Es de reconocer que la derecha tiene frente a algunos sectores de la sociedad una aparente dispersión, y se muestra en ocasiones ambigua, lo que causa confusión y enfado entre los ciudadanos. Este comportamiento político disociado que refleja “distintas personalidades”, y que algunos catalogan como “escisión”, alimenta el “condicionamiento clásico” de aquellos que siempre han querido atestiguar la derrota y aniquilación de la derecha como opción política real y verdadera.

El encuentro urgente de la derecha salvadoreña, con identidad política y programática definitoria, no contradice en nada a la indispensable y necesaria libertad de pensamiento de sus militantes, ni atenta con la rica pluralidad de ideas que florece en su interior; al contrario, una parte de la clara y notoria identidad que se busca se encuentra en la libertad, en la democracia que acepta la decisión de la mayoría pero que respeta los derechos de la minoría, en la tolerancia, en la paz y en el respeto a la ley, en la igualdad y la justicia para todos, valores que son intrínsecos a una derecha moderna y progresista.

En la justa valoración a esos principios, es donde esa derecha moderna debe afianzar una sólida identidad, un nuevo programa y una línea política que aplicada con eficacia y de manera homogénea le permita sumar adeptos, crecer en todo el territorio nacional, ganar en el debate y la confrontación de las ideas, vencer en la competencia electoral para, finalmente, convertirse en opción real de gobierno.

El Salvador necesita de hombres y mujeres que tengan siempre incólume como principio: rechazar la idea de la violencia como partera de la historia; rechazar la concepción de que la ley es un obstáculo al que debemos brincar para lograr nuestros objetivos; rechazar toda visión de estatismo absolutista, de poder concentrado, de presidencialismo omnipotente; funcionarios que trabajen incansablemente, pero que como humanos pueden, como se dice popularmente, “meter las patas” pero jamás las manos.

El Salvador del siglo XXI requiere alejarse definitivamente tanto del anacrónico extremismo revolucionario ortodoxo, como de aquel liberalismo invidente carente de rostro o sentimiento; y además, despojarse de los populismos caudillistas tan frecuentes en América Latina, así como del dogma dictatorial y ciertamente ineficaz en la lucha contra la injusticia y la desigualdad.

Si quienes nos gobiernen en el futuro persisten en no desprenderse de esas pesadas cargas, de esas visiones fundamentalistas, ningún instituto político salvadoreño podrá entenderse ante la sociedad –y ni siquiera a sí mismos– como alternativa de gobierno y de nuevo poder democrático.

Tags:

Lee también

Comentarios

Newsletter