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La deuda histórica con la infraestructura escolar

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Carlos Rodríguez Rivas

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Recientemente el presidente electo posicionó en la opinión pública la necesidad de invertir en la infraestructura escolar. Algunos han preferido cuestionar la viabilidad de la propuesta de reorientación del préstamo, otros han puesto el énfasis en la política de inversión y endeudamiento, así como en la necesidad del edificio y la seguridad de los empleados legislativos; pero más allá de estos puntos, no debemos soslayar otro aspecto fundamental: si como país vamos a comprometernos de una vez por todas con garantizar una escuela digna. Una cosa no quita la otra, y en este sentido, es importante aprovechar la coyuntura generada por la propuesta del presidente para que la sociedad no dé paso en falso y se reivindique la justa demanda de una inversión en infraestructura a largo plazo.

El primer prejuicio a superar es la contraposición que algunos hacen entre inversión en infraestructura y calidad educativa; pues la escuela salvadoreña necesita de docentes preparados y motivados tanto como de espacios escolares adecuados y seguros. Al respecto, es importante recordar que para transformar los 5,180 centros educativos en escuelas integrales tenemos que enfrentar desafíos muy concretos, como la legalización de los inmuebles, sin perder de vista, además, que solo el 43 % de los centros se encuentra en buenas condiciones, también solamente el 4.92 % tiene servicios sanitarios adaptados para personas con discapacidad, apenas el 22.75 % cuenta con rampas y el 13.9 % con pasamanos. Otro tanto hay que decir de espacios más allá de las aulas, pues menos de la mitad de las escuelas cuentan con espacios para desarrollar las prácticas artísticas y culturales, apenas 1,961 con aula para informática, 1,046 con biblioteca, 912 con comedor, 459 con laboratorio de ciencias y solamente 45 con laboratorio para inglés.

Encarar esta realidad implica reconocer que históricamente no se ha invertido suficiente, y que algunos han politizado el tema, haciendo gala de pintar una escuela o de reparar un techo. La infraestructura no puede volverse un asunto de coyuntura electoral o de caridad. En los últimos 5 años se ha invertido aproximadamente 100 millones, de los cuales 22.5 fueron aportados por la cooperación y aproximadamente 53 de préstamos, lo que significa que de fondos propios solo se aportaron 25 millones. Esto es solo una muestra de lo que hemos hecho todos estos años: esforzarnos al mínimo.

No debemos olvidar que una mayor inversión requiere, además, de una institucionalidad sólida y técnicamente preparada, no de una gerencia con limitaciones para operar y de unas direcciones departamentales burocráticas y extremadamente politizadas. Asimismo, es importante considerar que se cuenta con 95 centros escolares integrales de acuerdo con la política de infraestructura que podrían ser un buen punto de partida; por otra parte, hay insumos como el diagnóstico y costeo del Plan El Salvador Educado que identificó la necesidad de invertir 4 mil millones en 10 años.

Ante la oportunidad planteada de cara al nuevo quinquenio, el país entero debe comprometerse y asumir el reto de construir una educación integral en un ambiente escolar incluyente, seguro y digno.

Tags:

  • infraestructura escolar
  • reorientación de préstamos
  • inversión
  • Plan El Salvador Educado

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