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La dictadura de Daniel Ortega desata la represión contra el pueblo de Nicaragua

El Gobierno de Nicaragua sin consultar a ningún sector del país aprobó en abril de 2018 una reforma al Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS), que estipula un aumento del 6.25 % al 7 % de las deducciones jubilatorias de los salarios de los trabajadores, y los empresarios pasarán de pagar del 19 % al 22.5 % de los salarios de sus trabajadores. Asimismo, la reforma prevé una reducción del 5 % en las pensiones. La medida ha generado un movimiento de rechazo entre diferentes sectores de la población nicaragüense.

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El dictador Daniel Ortega y su mujer Rosario Murillo, que además es la vicepresidenta, han gobernado Nicaragua como una empresa familiar, especialmente desde su reelección inconstitucional e inmoral, ya que los magistrados de la Corte Suprema de Justicia, amigos de Ortega, en 2011 interpretaron la constitución a conveniencia del dictador. Una de las características de las dictaduras es el control de los poderes del Estado, la de Ortega no es la excepción, y ha pretendido fortalecer su gobierno a través de la imposición de leyes y decretos que atentan contra la seguridad jurídica y social del pueblo.

Las reformas al INSS fueron la gota que derramó el vaso, que trajo consigo protestas en toda Nicaragua que el régimen consideró silenciar a sangre y fuego al estilo de Nicolás Maduro, la policía y las turbas sandinistas que no son más que grupos de paramilitares atacaron indiscriminadamente a los manifestantes, los resultados de la represión han sido trágicos. Marcos Carmona, asesor legal de la ONG comisión permanente de derechos humanos, informó que 63 personas murieron y hay 15 desaparecidos, los heridos y detenidos son incontables, entre los muertos destaca el periodista del Canal 6 Ángel Gahona, quien murió por un disparo en la cabeza mientras cubría en vivo las protestas en Bluefields.

Según la dictadura de Ortega para solucionar la crisis es suficiente haber derogado la reforma al INSS y hace un llamado al diálogo, situación que ha sido rechazada por los trabajadores, empresarios y estudiantes, ahora no es tan fácil regresar al origen del problema, la población nicaragüense exige: capturar y enjuiciar los criminales que atacaron las protestas, libertad de todos los presos políticos, cese inmediato de la represión, iniciar la democratización del país, libertad de expresión, la renuncia de Daniel Ortega y su mujer, elecciones libres y transparentes anticipadas, con observadores internacionales. Ojalá Daniel Ortega dé respuesta razonable a las peticiones que hace el pueblo nicaragüense, de lo contrario la crisis puede agudizarse y venir el caos, y con la historia de conflictos de este país podría desembocar en una espiral de violencia de considerables resultados.

Una vez más el FMLN se pone del lado de la ideología y sus intereses, sin importarles la realidad y la vida de las personas. La diputada Nidia Díaz, próxima jefe de fracción de su partido en la nueva legislatura, calificó de vandálicas las protestas en Nicaragua y defendió la dictadura de Daniel Ortega. Con esta posición queda claro que no están dispuestos a cambiar y permanecerán en primera línea para apoyar y defender a sus amigos dictadores. El pueblo de Nicaragua ha decidido luchar por la justicia, democracia y libertad y la consigna que enarbolan con fuerza en las calles es: Ortega y Somoza son la misma cosa.

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