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La difícil racionalidad

El filósofo español José Ortega y Gasset decía a un joven filósofo argentino que para pensar adecuadamente la realidad, tenía que superar la tendencia a ser “más sensible que preciso”.
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{comillas}{icomillas}Lo que comenzó como un problema de interpretación constitucional, que no gustaba a uno de los poderes sujeto a control constitucional, se convierte en un problema nacional de mayor magnitud cada día y más arraigado.{/icomillas}{/comillas} <br /><p>En política se acrecientan los problemas cuando se abandona la precisión y se acude a la sensibilidad. Y eso está ocurriendo hoy en El Salvador. Lo que comenzó como un problema de interpretación constitucional, que no gustaba a uno de los poderes sujeto a control constitucional, se convierte en un problema nacional de mayor magnitud cada día y más arraigado en sentimientos que en racionalidad.</p><p> Surgen así las catalogaciones, comparaciones que tratan de desprestigiar a unos u otros, acusaciones de golpes y contragolpes. Con el resultado de que cuanto más se exacerban los sentimientos, más difícil se hace la resolución de la crisis. Las soluciones foráneas, como la de acudir a la Corte Centroamericana de Justicia, no ayudan. Porque hasta el presente, el Sistema de la Integración Centroamericana no contempla la trasferencia de la soberanía constitucional de los Estados a la Corte Centroamericana. Y si pretendiera dicha transferencia, habría que reformar primero nuestras constituciones. Soberanía implica que los problemas se resuelven dentro del país, con los instrumentos propios. Y eso es lo que no se ha hecho.</p><p> El problema que nos ocupa hoy no es un enfrentamiento entre la Sala de lo Constitucional y la Asamblea Legislativa. Es un problema de tipo constitucional entre un grupo de ciudadanos y una decisión de la Asamblea. La sala ha sentenciado que los ciudadanos tienen razón, y la Asamblea se ha negado hasta el momento a acatar la resolución no apelable del tribunal encargado de controlar constitucionalmente tanto al poder Legislativo como al Ejecutivo. Para añadir leña al fuego, el Ejecutivo ha respaldado la desobediencia de la Asamblea.</p><p> Se pueden entender desacuerdos entre políticos o entre instituciones del Estado. Pero no se solucionan los problemas con gritos, acusaciones de estar influidos por la política, insinuaciones de oscuras conspiraciones que no se prueban ni demuestran. Los problemas se arreglan dialogando entre quienes piensan de diversa manera. Y buscando consenso entre quienes manejan técnicamente el conocimiento jurídico que está detrás de decisiones como la tomada por la Sala de lo Constitucional. Se le pueden hacer críticas a la sala por el manejo de la interpretación jurídica. Pero al final la sala, para eso está, tiene que hacer interpretación jurídica a la hora de determinar la constitucionalidad o no constitucionalidad de un acto legislativo o ejecutivo.</p><p> En Estados Unidos, el Tribunal Supremo acaba de respaldar constitucionalmente la reforma de salud del presidente Obama. La decisión fue dividida (cinco votos a favor de la constitucionalidad de la reforma y cuatro en contra). Pero nadie deslegitima al Tribunal Supremo porque haya dentro de él distintos modos, y tan apretados, de interpretar la Constitución. Los Republicanos conservadores tratarán de cambiar legalmente la reforma si logran el poder Legislativo o Ejecutivo en las próximas elecciones. Pero no se les ocurre decir que la reforma no es constitucional porque el Tribunal Supremo ha dado ya su opinión, incluso con una división de criterios jurídicos muy dividida. Entre nosotros querer determinar qué es constitucional o qué no es constitucional, más allá de lo que diga la Sala de lo Constitucional, es romper elementos básicos de la convivencia democrática. Añadir sensibilidades heridas y sentimientos exaltados a las posiciones encontradas daña la convivencia nacional. Dialogar y buscar soluciones apegadas a nuestra legislación fundamental es el único camino de esa difícil racionalidad que nos debe llevar a construir un país con cohesión social y desarrollo compartido.</p>

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