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La dimensión oculta en nuestro país

Voy a compartir un estudio científico que conozco y a elucubrar al respecto para tratar de identificar una de las causas de tales crímenes, que se pretenden ignorar con una ingenuidad preocupante.

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Ricardo Ayala K. Ingeniero Consultor

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En El Salvador están ocurriendo hechos que no tienen explicación dentro de una conflictividad social normal. Cada vez con más frecuencia hombres mantenidos asesinan a la pareja que los sostiene; un abuelo viola a su nieta de 2 años y un joven de 25 años abusa sexualmente de su abuela de 78; una madre lanza a su hijo recién parido en un inodoro de profundidad y otra pone a su bebé delante de las llantas traseras de un camión estacionado; un joven abogado de familia reconocida mata a su amigo, lo descuartiza y bota los restos por las calles; un joven rocía con gasolina a su hermana dormida y le prende fuego; un adulto mayor en disputa por un parqueo mata a balazos a su vecino; un hombre alcoholizado, que trabaja de policía, mata a su hijo por una discusión intrascendente; una mujer policía desaparece después de una celebración navideña con sus colegas. Suspendo aquí por respeto al espacio y no por falta de ejemplos macabros que citar.

Las primeras preguntas que surgen son: ¿Por qué ocurren hechos tan penosos? ¿Quién investiga las causas sociales de crímenes tan aberrantes? ¿Qué hacemos como sociedad frente a tales conductas? Intentando aproximarme a las respuestas respectivas, voy a compartir un estudio científico que conozco y a elucubrar al respecto para tratar de identificar una de las causas de tales crímenes, que se pretenden ignorar con una ingenuidad preocupante.

En el noreste de Estados Unidos, en la bahía Chesapeake cerca de Boston, existe la isla James de 1.13 kilómetros cuadrados y que en 1916, estando deshabitada, a alguien se le ocurrió usarla para reproducir venados. Llevaron 3 hembras y 2 machos de la variedad Sika y como había abundante agua, pasto y lugares de anidación los animales iniciaron su natural reproducción. Varias décadas después el científico John Christian, que era etólogo (estudia la relación entre los animales y su medio ambiente), se alarmó al observar la conducta de los venados.

Los animales peleaban hasta la muerte por motivos desconocidos pues había agua y alimento suficientes; los machos agredían a las hembras en lugar de aparearse y pateaban a las crías hasta matarlas. Algunos se lanzaban al agua para ahogarse en una práctica suicida. Tal comportamiento condujo al estudio e investigación a fondo del fenómeno, labor que duró varios años.

La conclusión de tal investigación –descrita en "La dimensión oculta", libro publicado por Siglo XXI en 1972 y ahora disponible en internet– fue la siguiente: Los venados requieren una muy baja densidad poblacional para vivir con normalidad y el área individual se había reducido a casi un tercio de la normal, lo que obligaba a los animales a vivir tensos y en estado de "máxima alerta" permanentemente. Su desarrollo físico externo y todo en ellos lucía muy bien, excepto que las glándulas suprarrenales estaban crecidas casi al doble de lo normal y generaban una sobre producción de adrenalina, que genera potencia fisiológica pero que deteriora seriamente la conducta. Los ataques desaparecieron al racionalizar la cantidad de venados con respecto al territorio disponible.

Las funciones fisiológicas del humano son idénticas a las de los animales, máxime si estos son especies mayores. O sea que las absurdas expresiones de violencia social en El Salvador podrían deberse a nuestra alta densidad poblacional que a nivel nacional ronda los 400 habitantes/kilómetro cuadrado y en el AMSS –donde ocurren los delitos más repugnantes– hay comunidades con más de 50,000 personas/kilómetro cuadrado y como agravante hay limitaciones de todos los recursos requeridos por la población para sus necesidades vitales (aire, agua, tierra, alimento, vivienda, empleo, etcétera). Nuestra tasa real de crecimiento poblacional es cercana a 2.7 % anual, que duplica (sin emigración) el número de habitantes en 26 años. Sin embargo, los datos oficiales omiten más de un millón de personas en la población y la tasa de crecimiento dicen es de 0.29 % anual, ¡que duplica en 240 años!

Invito muy amablemente a mis compatriotas con sensibilidad social, y en especial a los dirigentes de todos los sectores (gremiales, políticos, intelectuales, sindicalistas, etcétera), a reflexionar sobre este tema que nos afecta a todos y tratemos al menos de identificar las verdaderas causas de nuestra grave problemática social que genera su expresión en la delincuencia con crueldad inexplicable.

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