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La distancia no significa olvido

El hecho de estar lejos de tu país no es motivo ni razón para olvidarte de las necesidades de tu patria. He tenido varios apodos: “la Gringa”, “la Chinita” o “la Europea”, pero aunque he vivido en varias partes del mundo, nunca he dejado de ser “la Salvadoreña” y es así como quiero ser siempre conocida.
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A los nueve años dejé por primera vez El Salvador, pero desde ese momento decidí llevarlo conmigo. Viví un total de nueve años en Estados Unidos. Durante ese tiempo fui aprendiendo sobre la cultura estadounidense, aprendí lo que es el “individualismo” y he tratado de incorporar en mi vida lo positivo de ello. Debemos aprender a velar por nosotros mismos y no esperar que alguien más lo haga por nosotros.

Entendí que la parte de nuestras vidas en la cual debemos volvernos lo más individualistas posible es en nuestra educación, aprender y luchar por cada día saber un poco más. Tenemos que convertir la educación en la mejor herramienta para nuestra lucha. Aprender de todo y de todos.

Antes de graduarme de bachiller en Florida, a mis 17 años, apliqué a una beca para ir a Taiwán para aprender un nuevo idioma y una nueva cultura. Les comparto esto para que sepan que las oportunidades están ahí, pero estamos obligados a tener el coraje y el deseo de ir por ellas.

Estando en Taiwán me di cuenta que no solamente fui a estudiar el idioma, fui a que mis sentidos se abrieran a observar y a guardar vivencias para el futuro. Tan enriquecedor fue mi año estudiando chino mandarín que decidí quedarme a estudiar mi carrera universitaria de Relaciones Internacionales y Diplomacia. Poco a poco fui viendo dos ejemplos distintos, ser mejor en Estados Unidos es hacer lo necesario para salir adelante individualmente, en Taiwán aprendí que es salir adelante de la mano de otros. Son dos formas de aprender a ser grandes. Ahí entendí el propósito del conocimiento que estoy recibiendo afuera. Entendí que no es por mí, sino por mi país. Quisiera que todos lográramos entender que todo conocimiento ayudará a construir el país que queremos.

Justo cuando pensé que ya había logrado comprender cómo funciona el mundo, viajé a Francia gracias a una beca que me otorgaron para un año de intercambio. Esta tercera parada me demostró que podemos tener mil y un sueños, mil y una metas de cómo transformar El Salvador, pero no sirve de nada si no lo hacemos unidos. Aprendí del ejemplo que tuve de vivir en un país de la Unión Europea, aunque es una comunidad que sigue en la lucha de ser mejor, ha logrado entender que para ser aún más grande es importante unirse.

Agradezco de todo corazón que me hayan dicho “Nicole, eres una promesa académica en el extranjero, queremos que escribas en ‘El país que viene’ para que inspires a los jóvenes salvadoreños”. Espero que así sea y pueda inspirarlos y motivarlos a luchar por nuestro pulgarcito que tanto nos necesita.

Sé que he vivido más tiempo fuera que dentro de El Salvador, sin embargo, sé que El Salvador es la tierra que Dios escogió para que yo naciera. La distancia no significa un adiós. La distancia no significa olvido.

Sé que Dios quiso que vos y yo seamos salvadoreños. Tenemos que sentirnos orgullosos de nuestra patria, amarla y cuidarla, y de ahora en adelante actuar de la mejor manera posible, para que todos nuestros aprendizajes contribuyan a construir El País Que Viene.

Yo tengo el compromiso irrenunciable de volver a aportar todo lo aprendido afuera. Cuéntame, ¿cuál es tu compromiso?

Tags:

  • el país que viene
  • juventud
  • oportunidad

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