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La dramática perspectiva de la economía informal en el país

Economía informal, una temática de la que técnicos, empresarios, políticos, analistas y opinantes hablan, pero que pocos entienden, conocen y saben. Debido a ello, se hacen referencias al respecto con mucha ligereza, superficialidad, reduccionismo, sesgos y perjudiciales prejuicios con críticas inapropiadas en contra de tanta gente humilde y esforzada que se desempeña en este ambiente. Pero lo cierto es que la economía informal es “un fenómeno-problema” de tipo estructural muy complejo, preocupante y, desde el punto de visto socioeconómico, peligroso para cualquier país que lo padezca en la proporción que lo vive El Salvador y de la manera crecientemente alarmante como lo viene experimentando desde tiempos recientes.

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La dramática perspectiva de la economía informal en el país

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Por desgracia y pese a su compleja gravedad, la economía informal en nuestro país es un tema secundario, de poco interés y de casi total despreocupación para la mayoría de la sociedad; aun cuando es un ámbito que representa el 72 % del tejido productivo nacional frente el 28 % que constituye el tejido de empresas formales. A simple vista, es un desequilibrado panorama económico del que se desprenden otras preocupaciones cuando se contrastan con las nuevas amenazas que están apareciendo en el ámbito nacional.

No es difícil imaginar un futuro complicadísimo para la sociedad salvadoreña, considerando que el universo nacional de empresas formales no es suficiente para generar la oferta de empleos necesaria que responda a la demanda laboral de los nuevos contingentes de jóvenes bachilleres y universitarios que actualmente egresan de colegios y universidades, muchos de los cuales se verán forzados a buscar su realización y sobrevivencia en el ámbito de la economía informal, dando por descontado que la otra porción de la juventud buscará emigrar.

Y qué decir de la suerte del segmento poblacional conformado por los adultos jóvenes y los maduros aún productivos, que están quedando desempleados por el cierre de operaciones de empresas formales, cuya productividad y competitividad ya no son económicamente viables a consecuencia del polarizado clima político, la corrupción, extorsión, crimen organizado y delincuencia común, que está complicando la realización de todo tipo de negocios lícitos y legítimos. No es aventurado pensar que muchos de ellos terminarán integrándose a la economía informal por obvias necesidades vitales.

Pero, el dramatismo de esta realidad se tornará más grande, impactante y aflictivo, en la medida que se incorporen a este ámbito mayores contingentes de personas provenientes del sector de la pesca artesanal, que viven y trabajan en las riberas del río Lempa y en todo nuestro litoral, y cuyas actividades de pesca están disminuyendo de manera preocupante por los crecientes efectos de la irresponsable, incontrolada y ambiciosa depredación medioambiental que tala árboles y manglares, atrofiando la vida y dinámica fluvial del Lempa y deteriorando los ecosistemas marítimos de la costa, fuentes naturales de trabajo de miles de familias, que ya están resintiendo además los severos efectos del cambio climático.

Otro riesgo latente que está por agravar exponencialmente la economía informal es el probable incremento de las deportaciones masivas de compatriotas desde Estados Unidos. De modo que frente a nosotros tenemos un complicado desafío que por el bien nacional conviene que lo atendamos con interés, reflexión, conciencia, responsabilidad, seriedad y comprometida formalidad.

Hay más sobre esta problemática, pero será abordada en otra oportunidad.

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