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La economía política de los gobiernos del FMLN. Un balance nueve años después (I)

El “modelo” económico implementado antes y después de los Acuerdos de Paz por la administración Cristiani (1989-1994) continuó en los gobiernos de Calderón Sol (1994-1999) y Flores (1999-2004) donde acabó mostrando claros signos de agotamiento: baja inversión y crecimiento, limitada creación de empleos decentes, déficit fiscal y deuda pública en crecimiento, altísimo déficit comercial financiado por flujo creciente de remesas. Una inserción invertida a la globalización con exportación de mucha gente y capital humano, y muy pocos bienes y servicios de limitado valor agregado.
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Alberto Arene, Economista/analista

Alberto Arene, Economista/analista

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Estos signos se exacerbaron en la administración Saca (2004-2009) y con los efectos de la crisis financiera internacional que golpeó severamente a El Salvador en 2009. El último semestre del gobierno saliente y el primero del gobierno entrante enfrentaron la crisis conteniendo sus peores efectos, retrasando la elaboración del Plan Quinquenal 2009-2014. Con más de una década de retraso, la administración Funes estaba llamada a diseñar y sentar las bases de la transformación económica y social de la posguerra.

Más allá de los errores del primer gobierno del FMLN, desde la Secretaría Técnica de la Presidencia con el Asocio para la Prosperidad con el gobierno de Obama, el FOMILENIO II y el Consejo para el Crecimiento conformado por representantes del Gobierno y del sector privado, se diseñó y comenzó a ejecutarse la más importante estrategia de transformación económica de la posguerra. Después de identificar los dos principales obstáculos al crecimiento (inseguridad y baja rentabilidad de los bienes transables) se identificó cómo aprovechar las potencialidades geoeconómicas de El Salvador.

Se partió de potenciar los grandes activos de la franja marino-costera con un énfasis en el desarrollo de la zona oriental –un tercio del territorio nacional improductivo abandonado a su suerte– priorizando la transformación productiva y educativa: sistema educativo, escuelas e institutos técnico-vocacionales, carreteras, tierras, playas, puertos, aeropuertos, zonas extraportuarias, e infraestructura logística.

Superar la trampa del bajo crecimiento y del alto endeudamiento a partir de la geoeconomía conllevaba, entre otros, fortalecer la competitividad y las cadenas de valor, aumentando la productividad y calidad (educación/formación) y reduciendo altos costos artificiales (burocracia y lentitud en instituciones, aduanas y logística, corrupción, contrataciones innecesarias), desarrollar aceleradamente la estrategia logística integral (carreteras, pasos fronterizos y aduanas, modernización y ampliación del Aeropuerto Internacional, concesión del Puerto de La Unión, desarrollo de las zonas extraportuarias, corredor logístico Puerto de La Unión-Puerto Cortés, dentro de una estrategia holística industrial-exportadora).

Todo ello dentro de un nuevo modelo de crecimiento hacia afuera liderado por las exportaciones que desatara la inversión privada, la creación de empleo decente, salarios dignos e ingresos fiscales, aumentando el crecimiento del PIB y reduciendo el déficit comercial, el déficit fiscal y la deuda pública.

En este contexto, los asocios público-privados eran –y siguen siendo– el gran instrumento para fomentar la inversión público-privada y el crecimiento sin endeudar al Estado y a sus instituciones autónomas, hacer las grandes y medianas obras para crear una gran plataforma productiva y exportadora competitiva, sacando al país de la postración y del estancamiento, recuperando tanto tiempo perdido y acelerando la construcción del futuro.

El gobierno del presidente Funes enfrentó la oposición del FMLN a las leyes de APP y su reforma, de facilitación y agilización del comercio y de aduanas, de extinción de dominio, y de procedimientos administrativos. Todo fue siempre contracorriente. Ante los riesgos de perderse la cooperación y el FOMILENIO II, con el apoyo de algunos dirigentes del partido y de la oposición, se logró superar lentamente dichos obstáculos, avanzando la asistencia técnica preparatoria y quedando listo el texto definitivo para la firma del FOMILENIO II. Por desavenencias crecientes con el presidente Funes, el Gobierno de Estados Unidos decidió firmarlo con el presidente entrante.

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