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La educación salvadoreña, ¿en vías de desarrollo?

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La educación salvadoreña, ¿en vías de desarrollo?

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Indudablemente, los últimos dos años han traído varios cambios en materia de educación en nuestro país, muchos de ellos motivados por las necesidades que la pandemia dejó al descubierto. Por ejemplo, la necesidad de construir una comunidad de profesores, a la cual se intentó dar respuesta a través del concurso de mejores prácticas pedagógicas en 2020, motivando a los docentes a compartir su quehacer del aula con otros profesores del sistema. Otra de las necesidades identificadas fue proveer oportunidad de desarrollo profesional a los docentes, lo cual se ha trabajado a través de cursos sobre tecnología, habilidades socioemocionales y, recientemente, metodologías virtuales. Otro problema que se ha discutido es la dignificación de la profesión docente, para lo cual se han modificado los criterios de reclutamiento de profesores en las escuelas haciéndolos más rigurosos. Aunque aún existe debate sobre si esta reforma debe ser repensada (Rodríguez & Joma, 2021), este cambio ha esperanzado a muchos docentes experimentados y preparados académicamente a obtener una plaza siguiendo un proceso meritocrático.

Aunque muchas son las necesidades, el principal motor de todos estos cambios es mejorar la calidad educativa, es decir, elevar la curva del aprendizaje y reducir las brechas educativas entre los estudiantes independientemente de su sexo, clase social o lugar de origen. Para cubrir esta necesidad, sin embargo, es necesario tener un diagnóstico objetivo de la situación educativa del país. En este sentido, el MINEDCYT ha dado continuidad al acuerdo firmado en 2018 por el exministro de Educación Carlos Canjura, para participar en el Programa para la Evaluación Internacional para los Alumnos (PISA, por sus siglas en inglés), el cual será implementado en 2022 con estudiantes de 15-16 años de edad. Dicha prueba, adoptada por más de 80 países, dice evaluar las competencias de los estudiantes en las áreas de matemática, ciencia y lectura. Los resultados de esta prueba arrojan indicadores clave para entender la situación actual de los sistemas educativos. Aunque esta prueba pueda percibirse como innecesaria debido al aparente mal estado educativo del país (Cheyne, 2018), argumento que es indispensable para tener datos concretos que nos permitan detectar áreas de mejora en el sistema para promover políticas basadas en evidencia y replicar, en la medida de lo posible, acciones que otros sistemas educativos del mundo han tomado para potenciar dichas áreas.

Pese a la utilidad de la prueba, existen ciertos riesgos que deben ser examinados. Uno de ellos es la interpretación de los resultados, los cuales no deben convertirse en señalamientos comparativos de los puntajes nacionales respecto al de otros países (como si la educación se tratara de una competencia), ya que esto podría generar la idea errónea que debemos trabajar para mejorar el puntaje en la prueba como evidencia de la mejora educativa, lo que pone en duda el objetivo final de la educación. Ante esto, el sistema debe constantemente preguntarse: ¿por qué queremos mejorar la calidad educativa? La respuesta debe dirigirse a hacer visibles los cambios de la educación en los estudiantes, docentes y familias, y no reducirse a aumentar los puntos de la siguiente prueba PISA. Esto crea antesala para otro riesgo que debe ser inspeccionado con la adopción de PISA: replantearnos el objetivo de la educación nacional con base en las necesidades locales. Como Zhaon (2020) acierta, la prueba PISA ofrece una visión monolítica de la educación, en la que educamos para que los estudiantes sean entes que contribuyan al crecimiento económico del país. Si bien este puede ser considerado uno de los objetivos educativos, debemos recordar que también lo son educar en ciudadanía, mantener una identidad cultural y crear generaciones mentalmente sanas.

Lograr la mejora educativa requiere de cambios estructurales e ideológicos en el sistema, para lo cual precisamos tener clara la razón por la cual los estudiantes van a la escuela, por la cual los docentes trabajan y se forman, y por la cual existe un Ministerio de Educación. El diagnóstico que los resultados PISA revele deberá ser atendido oportunamente y bajo un plan al que se le otorgue continuidad, ya que esa constancia a través del tiempo será la que pondrá a la educación salvadoreña en vías del desarrollo.

Rodríguez, M. & Joma, S. (2021, 22 de junio). Profesores advierten que Ministerio de Educación podría contratar solo a maestros afines al Gobierno. El Diario de Hoy. Recuperado de https://www.elsalvador.com/noticias/nacional/educacion-presenta-asamblea-decreto-concurso-docentes/850962/2021/

Cheyne, D. (2018, 5 de noviembre). Las pruebas estandarizadas en El Salvador: una necesidad innecesaria. Universidad Luterana de El Salvador. Recuperado de http://curc.uls.edu.sv/pagina1.php?id=140

Zhao, Y. (2020). Two decades of havoc: A synthesis of criticism against PISA. Journal of Educational Change, 1-22

Tags:

  • educación
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