Lo más visto

La educación sigue siendo la “Cenicienta” de las propuestas electorales

Enlace copiado
Gonzalo Ortega Coautora de El País que viene

Gonzalo Ortega Coautora de El País que viene

Enlace copiado

Charles Perrault, en el cuento titulado “La Cenicienta”, llenó de fantasía y de esperanza a sus lectores. Sobre todo, a esos que siguen creyendo y confiando en que los cambios se pueden dar. Yo me considero uno de esos lectores que están llenos de confianza, de esos que faltan en medio de este país lleno de “madrastras”, “Anastasias” y “Drizellas”; los antagonistas ubicados justo al centro de esta historia infantil reflejan en nuestra sociedad, llanamente, los retrocesos y los estancamientos que la educación vive históricamente en el “Pulgarcito de América”.

La falta de planes de acción, el poco interés, denotan fuertemente que la educación no ha hecho mella en nuestros líderes políticos y sociales, ya que no aspiran a ella como herencia para las generaciones que vienen, prefieren solo hacer la “finta” regalando pintura o algún obsequio similar, que no produce ningún cambio transversal en nuestro entorno.

La educación podría describirse como aquel estudiante con iniciativa, que no se cansa de proponer, aquel que llena de frescura el salón de clases con sus ideas, pero es callado por sentencias y acusaciones similares a estas: “deja de ser ilusa”, “pon los pies sobre la tierra”. ¡Pobrecita nuestra educación! nadie la quiere, todos le dan la espalda, y los que parecen que están con ella, o deberían estarlo, la engañan, la utilizan y le roban incluso lo que le habían prometido.

Gracias a la iniciativa “El País Que Viene: Horizonte Común”, tuve el honor de escribir un artículo sobre nuestra cenicienta, la educación, y propongo a los señores diputados y al ministro de educación hacer una auténtica reforma educativa; que se aspire a un horizonte común, abriendo el debate y el diálogo educado, donde se pueda vencer con el entendimiento la pugna perversa entre políticos o líderes de izquierdas o de derechas. Urge el diálogo, tener visión, dejar de considerar enemigos a los que piensan distinto.

Las reformas educativas realizadas en el país han respondido al sistema económico imperante; sí se han dado pequeños logros, pero, aun así, no se ha alcanzado un impacto social suficiente, un cambio generacional que asuma con responsabilidad ciudadana el giro tan necesario que nuestro país requiere.

El sistema educativo salvadoreño, en su corta historia, ha realizado apenas tres reformas y, tristemente, han sido poco visionarias. No quiero caer en extremismos, pero, al parecer, quien las realizó, tenía claro cuál sería el resultado, ya que lo buscó como objetivo y fin: educación de baja calidad, deserción escolar “dirigida”, mano de obra barata, consumismo exagerado, escasez de análisis y más pobreza, obviamente que todo lo anterior dicho con palabras “políticamente correctas”. Y a esto hay que agregar el atraso a nivel educativo y económico que representó el conflicto armado.

Winston Churchill decía: “Un fanático es alguien que no puede cambiar de opinión y no quiere cambiar de tema”. El país que viene debe regirse no por el fanatismo ni mucho menos. Confío en que El Salvador será el país de los acuerdos, de los entendimientos, del horizonte común. Si Cenicienta se transformó cuando alguien la “apadrinó”, ojalá que esta pequeña columna rete a todos nuestros legisladores y responsables de la educación en nuestro país para que puedan prestar atención a nuestra Cenicienta, apadrinarla y poder así sacarla del olvido en el que está.

Lee también

Comentarios