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La elección de N3, crucial para El Salvador

Gane de Biden es crucial para nuestra democracia, Trump apoya a Bukele sin prestar atención  a sus graves abusos y corrupción. Biden ha adelantado que no lo tolerará.

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Rafael Castellanos - Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

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La elección del 3 de noviembre es crucial para El Salvador, puede definir si seguimos rumbo a la dictadura total de Nayib Bukele, que continúe sus atropellos a las leyes, a la Constitución, y una corrupción desmedida, descarada como no habíamos visto. Si gana Trump, seguirá apoyando a Bukele sin mucho interés en esas violaciones. Si gana Biden, ha expresado por medio de su especialista en Latinoamérica que no tolerará esa conducta. Nuestros migrantes también correrán mejor suerte.

Pocas elecciones han sido tan importantes como esta para los Estados Unidos y el mundo, por diferentes razones. Internamente muchas cosas cambiarían con Biden, en política exterior global para Europa, Oriente Medio, Rusia y China también. En un mundo más pequeño, para los “Children of a Lesser God” (hijos de un dios menor) como la película, para migrantes del sur del Río Grande, para nuestros hermanos lejanos y  tepesianos, la elección es  vida o muerte figurativamente. Biden no los trataría tan groseramente y sin compasión como Trump, no los insultaría, no separaría padres de sus hijos. No es que los demócratas no repatríen, Obama casi rompe récord, pero sin insultos, sin jaulas, sin ICE, Inmigration and Custom Enforcement (Cumplimiento de Inmigración y Aduanas) que bajo Trump se ha convertido en una policía tipo nazi.

A través de los años he simpatizado más con las políticas conservadoras, económicamente superiores en mi opinión, de los republicanos; esta vez, a los 4 vientos no es así, espero y rezo por que gane Biden.

Ya una vez en la historia, la elección en Estados Unidos fue de vida o muerte para El Salvador, cuando Ronald Reagan sacó del poder al ingratamente recordado Jimmy Carter, quizá el peor presidente en la historia de los Estados Unidos, político, ex sembrador de maní, que condujo una política exterior cuando menos “naive” con derechos humanos como propuesta, la que resultó desastrosa para muchos países; apoyó el derrocamiento del Sha de Irán, ciertamente un dictador, y dejó que los Ayatolás lo tomaran, resultando en una dictadura político-religiosa muchísimo peor. En Nicaragua, apoyó el derrocamiento de Somoza y la llegada de los sandinistas y vean que 40 años después, Ortega es uno de los dictadores más sanguinarios del continente.

En esa marea, el eslogan que cantaban los revolucionarios era “Hoy Managua, mañana El Salvador” y el Sr. Carter apoyaba ese destino para nuestro país, el efecto dominó le llamaba. Tuvimos un embajador peculiarmente prepotente que impulsaba eso, el Sr. Robert White, igualmente de ingrata recordación.

Reagan fue electo a la Casa Blanca y la furia revolucionaria de la guerra desatada en Latinoamérica en los setenta, atizada por el hervor de la Guerra Fría que se peleaba en nuestros territorios y parecía tragarnos, se detuvo, el presidente Reagan trazó en El Salvador la línea del avance revolucionario de los grupos pro marxistas, apoyados por Cuba y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, la URSS. El resto es historia.

Hoy el panorama es similar, aunque el enemigo de la vida democrática hoy no es foráneo, es interno, es el mismo presidente de la república, que en un año ha quebrado al país, pasa cada día sobre la ley, promueve que Casa Presidencial reforme la Constitución, buscando el poder total. Desde su campaña expresaba sus deseos de reelección, lo que sus seguidores y algunos candidatos a diputados por NI expresan abiertamente.

Necesitamos que gane Biden y ponga freno a los abusos que Trump permite.

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