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La escuela del mal...

En la pedagogía del mal hay un lenguaje comunicativo propio, con hechos, símbolos, significantes y significados. Se perciben pautas de relaciones para el aprendizaje de la violencia: a matar se aprende matando, y a más muertes y con mayor sadismo se logra un mejor lugar posicional en las jerarquías criminales.

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Óscar Picardo Joao / Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

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Nadie nace corrupto, pandillero o asesino... Se aprende, a través de códigos familiares, educativos y culturales. El ser criminal, en cualquiera de sus manifestaciones, es el producto final de un profundo y alternativo proceso pedagógico, didáctico y educativo.

Existen referentes curriculares –en cárceles o cementerios–; esas leyendas del mal que han hecho historia, pero que están ahí como modelos y héroes de la criminalidad: Al Capone, Pablo Escobar, Joaquín Guzmán, por citar algunos casos. Sus sagas y mitos educan...Desde la perspectiva didáctica se conoce una amplia taxonomía de herramientas, desde el robo, pasando por la extorsión hasta llegar a delitos más sofisticados o sangrientos; es obvio, no es lo mismo asesinar a alguien de un balazo que descuartizarlo, y esta inhumana decisión tiene como finalidad enviar mensajes.

La mayoría de criminales de baja o alta reputación contaron con una familia, una comunidad, y hasta religión y educación. La estadística nos señala que la mayoría de criminales no terminó la educación media, y eso es un buen dato a considerar (11 grados de escolaridad minimiza el crimen). Pero la mayoría de criminales tienen algo en común, el “ethos”, crecieron y se educaron en ambientes perplejos, con valores subvertidos y descubriendo que la violencia es un medio importante para lograr metas –conseguir dinero, poder, mujeres, etcétera.

En efecto, estamos frente a un problema eminentemente “axiológico”, que tiene relación con la “epistemología”; dicho de otro modo: frente a qué valores se educa el niño, o cuál es la posición del niño frente a la realidad en la que crece, y contra qué reflejan sus decisiones.

Educar es aprender a pensar, a tomar decisiones; a optar por el camino de ciudadanía racional... Pero hay algo muy importante: el contexto general que rodea el ethos familiar y comunitario. Si la clase política y dirigencial de un país es sinvergüenza y corrupta ¿por qué razón yo me tengo que doblegar al código hipócrita de la escuela? Desde esta perspectiva, y en no pocos casos, la criminalidad surge como una respuesta, reacción o producto de un medio sofisticadamente criminal o insensible, que se burla o ignora las condiciones de pobreza y exclusión.

En el fondo hay una “patología del poder” que educa con el currículum oculto; y observamos la criminalidad en el primer mundo o en el tercer mundo bajo condiciones similares. Superando las razones psiquiátricas, la criminalidad nace, se desarrolla y crece a la sombra de valores comunes de aislamiento y/o de necesidades para demostrar quién ejerce el poder. Asesinar es un ejercicio macabro de poder del victimario sobre la víctima, de mejor estrategia, de mejores armas o condiciones, de esos pseudo-valores teístas, ser como dios.

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