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La estabilización de las finanzas públicas es factor determinante del auténtico progreso nacional

El punto clave, como se ha manifestado tantas veces y ahora se reitera desde la misma gestión gubernamental, es el logro de un crecimiento económico sostenido y suficiente para apalancar las finanzas públicas y para asegurar el mejoramiento generalizado de las condiciones de vida.
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El Gobierno actual está a poco más de un año para llegar al final de su período, que concluye el 31 de mayo de 2019. Es claro que en tan corto tiempo no es posible esperar soluciones definitivas a ninguno de los problemas fundamentales que siguen estando en la primera línea de la agenda nacional, pero sí se podrían dar y tendrían que darse señales efectivamente reveladoras de que los actores políticos, económicos y sociales son conscientes de su responsabilidad interactiva y están dispuestos a acatarla como mandato sin alternativas.

En declaraciones recientes, el nuevo Ministro de Hacienda ha manifestado que su propósito básico en el escaso tiempo que queda disponible es la estabilización de la economía en función del crecimiento de la misma. Y aunque el punto del refinanciamiento de la enorme deuda nacional que tiene vencimientos a la vista es un reto verdaderamente amenazante, que le tocará enfrentar desde su llegada al Gobierno que se instale el 1 de junio de 2019, la tarea es bastante más amplia. El panorama, tal como se visualiza, no tiene salidas accesibles si no se pone en marcha un nuevo modo de tratar los desafíos pendientes, y entre estos el de la normalización financiera está en primera línea.

Hemos estado demasiado tiempo en actitud de descuido irresponsable en lo que al manejo financiero se refiere, y las consecuencias no pueden ser más deplorables y con peores augurios. Y al ser así, no hay cómo justificar el que se les sigan dando largas a las acciones rectificadoras del rumbo nacional, que son demandadas de modo tan insistente por la opinión ciudadana. La práctica nociva de ir dejando para un indefinido después los tratamientos correctivos de lo que está mal hecho o de lo que ya no funciona lo que ha propiciado y sigue propiciando es que las soluciones reales se hallen cada vez más distantes.

El punto clave, como se ha manifestado tantas veces y ahora se reitera desde la misma gestión gubernamental, es el logro de un crecimiento económico sostenido y suficiente para apalancar las finanzas públicas y para asegurar el mejoramiento generalizado de las condiciones de vida. Y tal crecimiento sólo puede alcanzarse dentro del pleno ejercicio de las libertades que están en la base del quehacer democrático real, comenzando por la libertad económica. Por eso es que los regímenes autoritarios y populistas nunca pueden sostenerse en el tiempo, como lo prueba la experiencia histórica en todas partes.

En nuestro caso nacional, lo que se está imponiendo cada vez más como necesidad sin alternativas ni evasivas es tratar de recuperar lo que se pueda del tiempo perdido por medio de una visión estratégica que provea todas las seguridades indispensables para que la creatividad empresarial, en sus diversos niveles, pueda desplegarse sin barreras limitantes y con los estímulos pertinentes. Se trata de aglutinar energías hacia el gran objetivo, que es el desarrollo nacional.

Tenemos confianza en la vitalidad de nuestro proceso, que con los ajustes y los reordenamientos del caso puede dar mucho de sí. Pero se requiere que el compromiso y la voluntad tomen la delantera.

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