La estrategia institucional contra las estructuras del crimen organizado tiene que poner en primer lugar el corte de sus ingresos delictivos

En otras palabras, nos encontramos ya en el plano de la lucha frontal, que debe ser asumida y desarrollada haciendo uso de todos los recursos que la legalidad provee y al mismo tiempo de todas las estrategias y tácticas que aconseja un eficiente ejercicio de la responsabilidad gubernamental.
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El crecimiento expansivo de los aparatos criminales en el ambiente se ha vuelto el factor más desestabilizador de la vida normal en el país, prácticamente desde que se inició el período de posguerra; y en los tiempos más recientes lo que se ha visto es una operatividad delincuencial que busca el control de territorios, el sometimiento de la ciudadanía a los dictados del crimen y la ofensiva constante contra todas las estructuras institucionales encargadas de mantener el imperio de la ley. La organización del crimen no se detiene ante nada, y eso marca la vida cotidiana en las diversas comunidades del país. Ante tal embestida, que es sufrimiento insoportable para la ciudadanía y prueba de fuego para la institucionalidad, no hay otra opción que enfrentar el desafío con toda la fuerza que las circunstancias demandan.


Una organización criminal como la que ha sentado sus reales en el país ya está muy lejos de ser el ejercicio de delincuencia común que se daba en el pasado. Hoy se trata precisamente de una organización con todos los componentes de una entidad de esa naturaleza, y, por ende, no basta con activar la represión tradicional: hay que atacar a la organización en sus fuentes de sustento y en sus líneas de acción. En otras palabras, nos encontramos ya en el plano de la lucha frontal, que debe ser asumida y desarrollada haciendo uso de todos los recursos que la legalidad provee y al mismo tiempo de todas las estrategias y tácticas que aconseja un eficiente ejercicio de la responsabilidad gubernamental.


La misma urgencia de pasar a una etapa en la que se den resultados evidentes y suficientes en la línea de ir erradicando la actividad criminal que tantos daños produce y tanta inseguridad acumula va desatando algunas señales concretas en la vía apropiada. Así, en estos días se puso en práctica la llamada Operación Tecana, que ha logrado desarticular en lo fundamental una red financiera y de apoyo de la llamada MS-13 en Santa Ana, con captura de más de 100 implicados, entre los que hay servidores públicos, así como importantes decomisos de inmuebles, vehículos y armas, y el destape de una red de negocios con apariencia de ser legales pero que en realidad servían para disfrazar dineros provenientes de la extorsión y del narcotráfico.


Lo más significativo de esta operación, efecto de la colaboración investigativa de la Fiscalía General de la República y de la Policía Nacional Civil, es que pone en clara evidencia cómo operan las estructuras criminales para darles apariencia de legalidad a sus fuentes de recursos derivadas del accionar del crimen. Como hemos venido señalando persistentemente, las estructuras delictivas quisieran que toda la atención se centrara en los homicidios para que actividades como la extorsión sigan nutriendo libremente a dichas estructuras. Golpes como el generado con la Operación Tecana van en la línea precisa de llegar a las áreas más sensibles del fenómeno criminal, evidenciando además, con clara función demostrativa, cómo el crimen pretende convertirse en parte viva y permanente de la realidad nacional.


Es hora de que haya un ataque frontal decisivo y sin escapatoria contra los distintos mecanismos y formas de la extorsión y contra los movimientos del narcotráfico en el ambiente. El crimen sólo retrocederá cuando se le ponga contra el muro sin retorno, y eso requiere que la institucionalidad en pleno se ponga las pilas, como se dice en el habla coloquial.

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