Lo más visto

Más de Opinión

La evacuación de Dios y el totalitarismo político

En las sociedades de cultura judeo-cristiana, se establece una simetría entre Dios y el hombre, en el sentido de que la imagen de Dios en las conciencias y pensamientos individuales es proyectada en las relaciones y actividades humanas. El hombre asume, en cierto sentido, la representación de Dios en la tierra. Así, su dignidad, su respeto social y, sobre todo, su libertad, están fundamentados en relación directa con Dios. Esta posición tiene su origen en el libro del Génesis, el cual afirma que el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios.
Enlace copiado
Enlace copiado
Al evacuar a Dios, el hombre pasa a ser producto de la casualidad, y su motivación de vida se reduce a la necesidad de adaptación y sobrevivencia al medio. Así, el hombre se reduce a un organismo celular que necesita sobrevivir, y la pregunta es ¿por qué respetar a otros organismos similares que luchan por su sobrevivencia, cuando la mía está en peligro? El hombre, al no verse más que en una dimensión físico-química, convierte sus relaciones humanas en relaciones de fuerza, en donde todos luchan contra todos para sobrevivir. Esto es lo que está pasando en las mentes de muchas personas en nuestro país, y explica tantas actitudes violentas.

La evacuación de Dios debilita las barreras interiores como la autodisciplina, el respeto del otro, el amor a la patria. Pero lo más grave es que imposibilita el establecimiento de normas, pues una ética intangible que se convierte en universal no puede proceder más que de una referencia supra humana, es decir, de Dios.

Esta imposibilidad de establecer normas éticas universales debilita el valor que tiene el derecho natural, reflejo de la ley espiritual, y vuelve más difícil el establecimiento de consensos fundamentales en materia económica, social, política y cultural, debilitando con ello la armonía y cohesión social.

Es por ello que los que proclaman la evacuación de Dios proponen crear “la nueva conciencia” producto de una nueva cultura, la cual formará una nueva ética individual. Pero en la práctica, esta nunca se consolida, porque si Dios no existe, tampoco existe en la conciencia de la gente el bien y el mal, lo sagrado y lo profano, el orden y el desorden, los derechos y deberes, lo prohibido y permitido, todo es relativo.

Así, un individuo sin conciencia de no matar dejará de matar solamente por miedo a sanciones legales, y no porque su conciencia le indica no matar. El miedo a la sanción legal no es suficiente para detener a un asesino. En El Salvador lo estamos viendo, muchos jóvenes matan a pesar del miedo de pasar buena parte de sus vidas en un centro penitenciario.

Evacuar a Dios de nuestra sociedad será la causa fundamental del arribo del totalitarismo político, producto del caos social que esto va ocasionar. Bernard Henri Levy, en su libro El Testamento de Dios, describe al totalitarismo como “el retroceso pagano”. Los sistemas totalitarios tienen múltiples caras: ateos, nacionalistas, revolucionarios, comunistas o hasta panteístas como los nazis.

Si Dios no existe, todo es permitido, y el hombre no estará más protegido contra el hombre y contra el Estado, y la vida sería un sinsentido tal como lo expresó Sartre: “Todo es permitido si Dios no existe, el hombre se dejará llevar por sus instintos porque no existe algo dentro de sí o fuera de sí a donde referirse; al no encontrar valores que legitimen su conducta, se encontrará solo sin excusas. Y por otro lado, decir que nosotros inventaremos los valores, no significa otra cosa que decir que la vida no tiene sentido”.
 

Tags:

  • Dios
  • hombre
  • Genesis
  • patria

Lee también

Comentarios