La evaluación desfavorable del gobierno y el escepticismo hacia el futuro

Ante semejantes resultados que coinciden con los de otras encuestas, ¿qué hará ahora el presidente? ¿Hará lo relevante para enfrentar la crítica situación que la seguridad, la economía y las finanzas públicas requieren?
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“Al concluir el año 2015, prevalece entre la opinión pública salvadoreña una evaluación desfavorable en torno a la situación general del país y una actitud de escepticismo hacia el futuro”, reveló la más reciente encuesta de opinión del Instituto Universitario de Opinión Pública de la UCA (IUDOP). En su primer año y medio de gestión, esta es la peor evaluación de los últimos 6 gobiernos en los últimos 26 años. Ante semejantes resultados que coinciden con los de otras encuestas, ¿qué hará ahora el presidente? ¿Los cambios de visión, estrategia y equipo a partir de febrero serán tan relevantes para enfrentar la crítica situación que la seguridad, la economía y las finanzas públicas requieren?

A tres años y medio de concluir su gestión, a solo un par de años de las elecciones legislativas y municipales, y a tres de las presidenciales, la pregunta es si a partir del 1.º de febrero, el presidente hará un viraje lo suficiente importante para comenzar a mejorar la seguridad, la economía y las finanzas públicas, antes del inicio de la coyuntura electoral que iniciará un año y medio después. Solo así mejoraría la evaluación del país y la confianza en el futuro, y tal vez, las perspectivas de su partido de ganar por tercera vez las elecciones presidenciales y gobernar por segunda vez a partir de junio de 2019.

En la encuesta del IUDOP, 82.5 % opinó que la delincuencia aumentó y el 24.5 % admitió haber sido directamente su víctima, el 66.7 % que los planes de seguridad están dando poco o ningún resultado, el 62.3 % que la Fiscalía ha cumplido poco o nada con su deber de investigar a los responsables de los hechos delictivos y el 69.3 % que en esa institución existe mucha o alguna corrupción. Y respecto a la economía y la pobreza, solo el 5 % piensa que la economía mejoró frente al 48.9 % que piensa que siguió igual y al 46.1 % que empeoró, 49.9 % que la pobreza aumentó, 43.2 % que se mantuvo igual y el 6.9 % que disminuyó. 60 % anticipa un deterioro de la economía nacional, 25.4 % que se mantendrá igual y solo el 11.7 % pronostica una mejoría. El pesimismo sobre el futuro económico del país es mayor en las mujeres, en las personas entre 26 y 40 años, y en quienes tienen mayores niveles educativos.

El 55.5 % considera que el gobierno del presidente Sánchez Cerén representa un cambio negativo para el país y el 32.6 % un cambio positivo, disminuyendo su calificación a 5.18 (de 5.59 en noviembre de 2014 y 5.68 en febrero de 2015), la más baja de su gestión. El 46.7 % cree que con el actual gobierno la situación seguirá igual, el 27.7 % que empeorará y el 23.7 % que mejorará, girando “las expectativas futuras del país con la actual administración alrededor de la continuidad y el deterioro”.

Si muchos de los “modelos”, gestiones e instituciones de la posguerra están considerablemente agotados, el desafío del ejercicio de este y del próximo gobierno –del presidente, del gabinete y de los presidentes de las llamadas instituciones “autónomas”– es no solo enfrentar de la mejor manera posible las diversas y crecientes demandas, sino también, impulsar una profunda transformación institucional de mediano y largo plazo, para crearle viabilidad, relevancia y futuro a dicha institución, al Estado y al país. Esto supone la estructuración de visiones ilustradas y estructuradas de mediano y largo plazo determinada por las tendencias y escenarios futuros, consensuada con las principales contrapartes del país y con actores internacionales relevantes, viabilizándolas con planificación estratégica y preparación de la cartera de proyectos de preinversión, con la obtención de modalidades de financiamiento que no aumenten la deuda soberana, con la ejecución eficiente y transparente de la inversión pública, y tanto o más, con la creación de las condiciones para desatar la inversión privada y la creación acelerada y sostenida de riqueza, cerrándole todos los portillos a la elusión, a la evasión fiscal y al contrabando. Y conlleva muchas soluciones público-privadas a enormes problemas públicos históricamente acumulados, maximizando los ingresos públicos tan escasos, priorizando la política social y la protección de los más vulnerables.

Enfrentar la crisis de seguridad requiere varios miles de millones de dólares adicionales para financiar los programas de inteligencia y represión; de fortalecimiento de la Fiscalía y del sistema judicial y penitenciario; de rehabilitación, prevención y masiva intervención e inclusión social integral en la comunidades, y creación de mucho empleo juvenil decente para cientos de miles de jóvenes, en la próxima década.

Todo esto supone visión compartida, consensos mínimos y confianza creciente, y un ejercicio de gobierno libre de corrupción y de intentos y percepciones de la misma, evitando iniciativas de ley que sean declaradas inconstitucionales, retrasen el ejercicio del gobierno, deterioren la institucionalidad, la creación permanente de confianza, el logro de consensos nacionales y del enorme apoyo internacional que sostenidamente requiere el país en los próximos años.

ARENA y la oposición no dan señales todavía de prepararse a gobernar con la visión y actitud que requiere esta nueva y compleja época del país y del mundo. ¿Tendrá ahora el presidente la visión y la resolución de ponerse a la altura de la historia?

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