Lo más visto

Más de Opinión

La evolución global está en un momento de extraordinarias perspectivas y con eso hay que comprometerse

Entremos en cualquier página digital informativa o abramos cualquier periódico de papel y no habrá día de Dios en que no nos topemos con los trastornos más absurdos que sea posible imaginar; y donde tal fenómeno invasivo adquiere más visibilidad es en el ámbito de la política.
Enlace copiado
David Escobar Galindo / Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

David Escobar Galindo / Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

Enlace copiado

En dicho campo se viene dando una transformación traumática durante las décadas más recientes, y eso no era lo que se esperaba luego de que la polaridad al más alto nivel mundial se desfondara allá al final de los años 80 del siglo recién pasado. Se hace imperativo entonces tratar de ir al fondo de dicha situación, que pone en constante riesgo de ruptura los equilibrios básicos de un mundo que pareciera cada vez más expuesto a su propia falta de asideros históricos.

Llegar al fondo de los más característicos aconteceres de la realidad actual requiere que el análisis abarque todos los aspectos de una contemporaneidad que se asusta de sí misma, y eso la hace entrar en constantes conflictos con su propia identidad. Es como si tanto los individuos como las sociedades estuvieran preguntándose a cada instante: ¿Qué tiene que ver lo contemporáneo con nosotros? Y esa pregunta se aplica también a la globalización. En El Salvador, por ejemplo, aunque el ejercicio globalizador ha colocado a nuestro país por primera en el mapamundi sin ser apéndice de nadie, no hay verdadera conciencia de lo que eso significa y de las oportunidades que eso acarrea. Es como si no fuéramos capaces de sentirnos ubicados en el presente, a pesar de que somos parte viva de esta contemporaneidad avasallante en problemáticas tan sensitivas como la emigración.

Pero volvamos al desafío principal de nuestro tiempo: la globalización como experiencia pasional. Y es que al disolverse los antiguos esquemas de dominación absorbente y al irse desdibujando el trazo de las fronteras tradicionales, lo que se ha producido es una erupción de ansiedades autodefensivas, que por ahora están fuera de control. Lo vemos en Europa y en Estados Unidos, pero en verdad la expansión de esos virus es universal. La inseguridad cunde y tampoco reconoce fronteras. Se trata, entonces, de una inseguridad global, que como tal no tiene precedentes. Y entonces habría que preguntarse: ¿Cómo defender a la globalización de su propia incapacidad de hacerse valer como el signo más revelador de la dinámica evolutiva en nuestros días?

Lo que se necesita de seguro es asumir la dinámica globalizadora como la máxima oportunidad universal de la que se tiene memoria. Lo que pasa es que, como ocurre en todo, se trata una oportunidad con costo; y ese costo, que es también globalizado, debe pagarlo cada quien según su propia condición dentro del ámbito general. Y en tal sentido, la naturaleza y magnitud de los costos depende de lo que cada uno represente en el mosaico total. A esto es a lo que hay más resistencias, pese a que va quedando cada vez más claro que las evasivas no sirven de nada.

Ante una realidad como la que hoy se nos presenta ya no se puede reaccionar en las formas que han sido comunes hasta la fecha: tenemos que entender que el mundo que nos toca vivir es un vivero de posibilidades inimaginadas, y por consiguiente las respuestas que demanda tienen que estar marcadas por la creatividad inteligente. Reaccionar con ira y con descontrol ante lo nuevo, como están haciendo tantos liderazgos y tantos conglomerados a lo largo y a lo ancho del mundo, es lo peor que nos puede pasar a todos. Lo que hay que hacer es dejar que lo viejo se quede donde debe estar para que lo nuevo pueda cumplir con su tarea renovadora sin ataduras, teniendo en cuenta que ésta tampoco será fácil en ningún sentido. Agradezcamos poder estar aquí en este momento tan vivificante de la evolución.

Lee también

Comentarios