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La fábrica de culpables

El alcalde de San Marcos, Fidel Fuentes, lo dijo fuerte, claro y sencillo: en cualquier democracia, cuando un partido en el gobierno fracasa en las urnas, presenta su dimisión. Sin embargo, eso que es tan lógico y natural debe partir de la premisa de que los que dirigen un partido político lo hacen buscando que ese colectivo triunfe y su ideario tenga mayor aceptación en la población. Pero cuando una dirigencia lleva más de una década en el poder, las perspectivas cambian.
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Luis Laínez / Subjefe de Información de LA PRENSA GRÁFICA

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Y eso es lo que hemos visto en el FMLN después del 4 de marzo. En lugar de que la dirigencia asumiera el resultado de la votación, lo primero que hizo fue buscar culpables. Lo primero que escuchamos fue un video filtrado de José Luis Merino diciendo que hay malos funcionarios a quienes hay que despedir no porque hacen mal su trabajo, sino porque no trabajaron para el FMLN y ponían en contra del partido a las personas.

Desde 2009, lo que hemos visto en el poder es al FMLN y a sus aliados. Es decir, el partido de izquierda no llegó solo a la presidencia, sino acompañado de grupos de diversa ideología, desde los más conservadores –pero por una u otra razón enemistados con ARENA–, pasando por agrupaciones democristianas –como el ministro de Turismo y su círculo– hasta socialdemócratas –como Jorge Meléndez y su PSD.

Como en las elecciones de 2012, 2014 y 2015 al Frente le fue relativamente bien en las urnas, vimos que esa múltiple alianza se mantuvo. Sin embargo, en este último año antes de las presidenciales de 2019, vemos que la pérdida de más de 300,000 votos efemelenistas ha sido interpretada como una traición, no como el fracaso de una estrategia implementada por la dirigencia. Y es por eso que en lo que se ha llamado “corrección” o “giro de timón” vemos la clara intención de la cúpula de buscar culpables entre sus aliados. Todavía no hay nada oficial, más que la destitución del director de Migración (que se atrevió a hablar como militante no miembro de la dirigencia, amparado en lo que fue su ejercicio en la institución que dirigió por varios años), pero se habla de expulsar de la administración a los aliados y reemplazarla no solo con cuadros del FMLN, sino también afines al virtual (impuesto) candidato presidencial, Gerson Martínez.

Cuando falta poco menos de un año para volver a las urnas para elegir presidente, realmente no tiene sentido que el FMLN maltrate de esa forma a sus aliados, porque ¿de qué otro modo piensa obtener la fuerza que necesita para enfrentar a sus contendientes por la primera magistratura del país? A no ser, eso sí, que lo que el grupo que ha dirigido al partido de izquierda por más de una década dé por sentado un nuevo fracaso en las urnas y busque, nada más, consolidar el control interno.

Esto último parece ser la explicación más cercana sobre lo que estaría pasando en el Frente. En lugar de mantener cuadros aliados capaces de mantener negociaciones con la derecha (como el que se hizo para la reciente aprobación de un crédito complementario para la planta potabilizadora de Las Pavas), busca abrir espacios para colocar a aquellos que no triunfaron en el voto popular. Una fábrica de culpables para alimentar sus fracasos.

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