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La falsa amistad de los comunistas (y 2)

En todos esos países la gente perdió todas sus libertades, pertenencias, derechos, creencias, les impusieron el colectivismo forzoso, solo les pagaban $18 al mes, por trabajar, les racionaron los alimentos, e hicieron grandes filas o colas para poder comprar otro poquito de comida, los atrasaron, los empobrecieron, a muchos los persiguieron, los hostigaron, los torturaron, los encarcelaron y a algunos los mataron solo porque no pensaban como ellos, convirtieron sus países antes libres en cárceles, le vendieron la patria a los comunistas internacionales, para que ellos los mandaran, les suspendieron las elecciones libres y democráticas, para siempre, les impusieron la ideología comunista y con ello les envenenaron sus mentes y les destruyeron sus familias.
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Y más adelante a los que no obedecían las órdenes que les daban los jefes comunistas, los mandaban castigados a un campo de trabajos forzados, donde sufrían mucho y de donde nunca iban a poder salir a menos que se escaparan y ya para entonces era demasiado tarde para arrepentirse o para ponerse a llorar pues a esas alturas ya se es un esclavo más del comunismo internacional.

Solo los resentidos sociales, los ignorantes y los tontos útiles pueden aceptar que los gobierne un régimen tan malvado como es ese aquí en El Salvador o en cualquier parte del mundo.

Este artículo se lo dedico al señor general de división, Juan Orlando Zepeda.
 

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