La falsedad como arma

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Estados Unidos vive un escándalo de manipulación de la opinión pública. Si bien las elecciones fueron libres y nadie fue coaccionado para votar por Donald Trump, lo cierto es que muchos lo hicieron porque creyeron una serie de mentiras divulgadas como verdades durante la campaña electoral. Miles de páginas en Facebook propagaron mentiras en contra de la candidata demócrata, Hillary Clinton, desacreditaron su propuesta e hicieron ver a su rival como la única solución. Pero esto no fue ideado ni ejecutado desde la casa de campaña de Trump, sino por una legión de cuentas falsas creadas en Rusia, que se dedicaron a decir mentiras del calibre de que “si Satanás gana, Clinton gana” (posteada por “El ejército de Jesús”) o que mostraba a una mujer con burka diciendo si se quería esto para Estados Unidos (posteada por “Alto a todas las invasiones”) y otras por el estilo que fueron vistas 126 millones de veces en Facebook, gracias a los millones de dólares invertidos para publicitarlas en esta plataforma.

De entrada hay que entender que nada pasa sin una razón detrás. ¿Por qué estaban tan interesados los rusos en que Trump fuera presidente? Talvez es más fácil si la pregunta es desde otra perspectiva: ¿por qué los rusos no querían que Hillary Clinton fuera presidenta? Solo esto es motivo de debate, tan grande que incluso el Senado de Estados Unidos se ha involucrado y, hasta ahora, no sabemos cuál será el alcance de estas investigaciones.

Así que ya vemos cómo la falsedad es un arma importante. Poderosa como para influir en la elección de la democracia más representativa de Occidente. Y aquí en El Salvador hemos visto cómo esta misma estrategia fue diseñada para erosionar el activo más importante de un medio de comunicación: su credibilidad.

El Órgano Judicial tiene en sus manos algo más que el juicio contra cinco individuos que, de manera coordinada y planificada, falsificaron un sitio web para divulgar información falsa. Lo que en verdad hicieron fue atacar la credibilidad de LA PRENSA GRÁFICA de manera sistemática y violando leyes de la República.

Por eso mismo es que los defensores quieren reducir la gravedad de la conspiración llamándola “juicio del meme”, haciendo ver a los imputados como unos chiquillos traviesos y espontáneos. Nada más lejos de la realidad. Fueron pagados para que atacaran medios de comunicación a través de la falsedad. Este juicio tiene la oportunidad de sentar un precedente en nuestra sociedad. Y confiamos en que el sistema de justicia tome la mejor decisión para El Salvador.

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