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La familia

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Rutilio Silvestri / rsilvestrir@gmail.com  /  Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

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Columnista de LA PRENSA GRÁFICA “En el libro del Génesis, Dios confía su creación a la pareja humana, para que la guarde, la cultive, la encamine según su proyecto. En esta indicación de la Sagrada Escritura podemos comprender la tarea del hombre y la mujer como colaboradores de Dios para transformar el mundo, a través del trabajo, la ciencia y la técnica. El hombre y la mujer son imagen de Dios también en esta obra preciosa, que han de cumplir con el mismo amor del Creador”, decía el papa Benedicto XVI en una de sus homilías.

No es la lógica unilateral del provecho propio y del máximo beneficio lo que contribuye a un desarrollo armónico, al bien de la familia y a edificar una sociedad justa, ya que supone una competencia exasperada, fuertes desigualdades, degradación del medio ambiente, carrera consumista, pobreza en las familias.

La familia, fundada sobre el matrimonio entre el hombre y la mujer, está también llamada al igual que la Iglesia a ser imagen del Dios Único en Tres Personas. Al principio, en efecto, «creó Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó; hombre y mujer los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: “Creced, multiplicaos”». Dios creó el ser humano hombre y mujer, con la misma dignidad, pero también con características propias y complementarias, para que los dos fueran un don el uno para el otro, se valoraran recíprocamente y realizaran una comunidad de amor y de vida.

El amor es lo que hace de la persona humana la auténtica imagen de la Trinidad, imagen de Dios. Viviendo el matrimonio no se da cualquier cosa o actividad, sino la vida entera. Y el amor es fecundo, en primer lugar, para los esposos mismos, porque desean y realizan el bien el uno al otro, experimentando la alegría del recibir y del dar.

Es fecundo también en la procreación, generosa y responsable, de los hijos, en el cuidado esmerado de ellos y en la educación metódica y sabia. Es fecundo, también, para la sociedad, porque la vida familiar es la primera e insustituible escuela de virtudes sociales, como el respeto de las personas, la gratuidad, la confianza, la responsabilidad, la solidaridad, la cooperación.

Cuidar a sus hijos y, en un mundo dominado por la técnica, transmitirles, con serenidad y confianza, razones para vivir, la fuerza de la fe, planteándoles metas altas y sosteniéndolos en la debilidad.

Pero también los hijos, procuran mantener siempre una relación de afecto profundo y de cuidado diligente hacia sus padres, y también que las relaciones entre hermanos y hermanas sean una oportunidad para crecer en el amor.

Pidamos con frecuencia en la oración la ayuda de la Virgen María y de san José, para que nos enseñen a acoger el amor de Dios como ellos lo acogieron. La vocación al matrimonio no es fácil de vivir, especialmente hoy, pero el amor es una realidad maravillosa, es la única fuerza que puede trasformar el mundo.

Vivámoslo con valentía, con la seguridad de que en la medida en que se viva el amor recíproco hacia la familia y hacia todos, con la ayuda de la gracia divina, vivimos la auténtica Doctrina de Jesucristo y somos también ejemplo para todas las familias.

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