La fuerza de la Palabra es Jesús

“No se anuncia el Evangelio para convencer con palabras sabias, sino con la humildad, porque la fuerza de la Palabra de Dios es Jesús mismo y solo quien tiene un corazón abierto lo acoge”, dijo, el papa Francisco en una de sus homilías.
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Comentando las lecturas del día, el Santo Padre explicó lo que significa la Palabra de Dios y cómo acogerla. Y destacó que San Pablo recuerda a los Corintios que no anunció el Evangelio basándose en discursos persuasivos de sabiduría:

“Pablo dice: ‘Pero, yo no he venido entre ustedes para convencerlos con argumentos, con palabras, o incluso con bellas figuras... No. Yo he venido de otro modo, con otro estilo. He venido sobre la manifestación del Espíritu y de su poder. Para que su fe no estuviera fundada en la sabiduría humana, sino en el poder de Dios’. De este modo, la Palabra de Dios es una cosa diferente, una cosa que no es igual a una palabra humana, a una palabra sabia, a una palabra científica, a una palabra filosófica... no: es otra cosa. Viene de otro modo”.

Es cuanto sucede con Jesús, cuando comenta las Escrituras en la Sinagoga de Nazaret, donde había crecido. Sus coterráneos, inicialmente, lo admiran por sus palabras, pero después se enfurecen y tratan de matarlo: “Pasaron de una parte a la otra –explicó el papa– precisamente porque la Palabra de Dios es una cosa diversa con respecto a la palabra humana”. En efecto, Dios nos habla en el Hijo, “es decir, la Palabra de Dios es Jesús, Jesús mismo” y Jesús “es motivo de escándalo”.

La Cruz de Cristo escandaliza. Y esa es la fuerza de la Palabra de Dios: Jesucristo, el Señor. ¿Y cómo debemos recibir la Palabra de Dios? –se preguntó Francisco–. Como se recibe a Jesucristo. La Iglesia nos dice que Jesús está presente en la Escritura, en su Palabra”. Por esta razón –afirmó el pontífice– es tan importante “leer durante la jornada un pasaje del Evangelio”:

“¿Para qué? ¿Para aprender? ¡No! Para encontrar a Jesús, porque Jesús está precisamente en Su Palabra, en su Evangelio. Cada vez que yo leo el Evangelio, encuentro a Jesús. ¿Pero cómo recibo esta Palabra? Eh, se la debe recibir como se recibe a Jesús, es decir, con el corazón abierto, con el corazón humilde, con el espíritu de las Bienaventuranzas. Porque Jesús ha venido así, en la humildad. Ha venido en la pobreza. Ha venido con la unción del Espíritu Santo”.

“Él es la fuerza –prosiguió explicando Francisco–, es Palabra de Dios porque está ungido por el Espíritu Santo. También nosotros, si queremos escuchar y recibir la Palabra de Dios, debemos rezar al Espíritu Santo y pedir esta unción del corazón, que es la unción de las Bienaventuranzas. Un corazón como es el corazón de las Bienaventuranzas”:

“Nos hará bien hoy, durante la jornada, preguntarnos: ‘Pero, ¿cómo recibo, yo, la Palabra de Dios? ¿Como una cosa interesante? Ah, el sacerdote hoy ha predicado esto... ¡pero qué interesante! ¡Qué sabio este padre!’, o la recibo así, sencillamente ¿porque Su Palabra es Jesús vivo? Y soy capaz –¡atentos a la pregunta!–, ¿soy capaz de comprar un Evangelio pequeño? –¡cuesta poco, eh!–, ¿comprar un Evangelio pequeño y llevarlo en el bolsillo, llevarlo en la cartera y cuando puedo, durante la jornada, leer un pasaje, para encontrar a Jesús allí? Nos harán bien estas dos preguntas. Que el Señor nos ayude”.

Pero tampoco es suficiente leer el Evangelio, hemos de hacerlo vida de nuestra vida. Hemos de vivir una vida coherente con la fe cristiana.

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