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La historia de George Donath

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María Cecilia Portabales - Lic. en Estudios Internacionales, candidata MSc en Políticas Públicas Sociales, LSE

María Cecilia Portabales - Lic. en Estudios Internacionales, candidata MSc en Políticas Públicas Sociales, LSE

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El 23 de enero de este año, el Sr. George Donath nos dio una tremenda lección sobre integridad, dignidad y resiliencia. En miras al Día Internacional de la Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto, un compañero de la residencia universitaria en la que vivo invitó a un amigo de su abuelo a que nos cuente su historia. Y George (89 años, húngaro-judío sobreviviente del Holocausto) vino a Goodenough College a contarnos cómo él y parte de su familia sobrevivieron a la Segunda Guerra Mundial. Y que lo hicieron gracias a una serie de milagros concatenados, pero principalmente, gracias a haber recibido uno de los 40,000 documentos que Arturo Castellanos, un diplomático de El Salvador, generó para ayudar a judíos de toda Europa. Desobedeciendo órdenes oficiales, y junto a George Mandel-Mantello, Castellanos falsificó documentos "salvadoreños" que permitieron el escape de miles de personas.

Y George nos relató cómo vivió parte de la historia más oscura de la humanidad, y lo hizo no solo sin perder la calma, sino conservando el sentido del humor. Y se lo permitió. Se permite hacer chistes sobre sí mismo y sobre su historia. Y esto me hace pensar en qué rol jugó y juega el sentido del humor en la resiliencia.

Y abriendo su corazón y despojando el relato de la historia oficial, nos compartió la mayor lección que le dio su padre. Intentando convencer a un joven integrante del Partido de la Cruz Flechada (Nyilaskeresztes Párt) que los dejen llegar hasta la embajada suiza (hoy embajada de los Estados Unidos), el padre de George le dice al muchacho:

"Algún día todo esto va a terminar, y vas a querer ir a la universidad, y vas a querer progresar y trabajar, y yo tengo una fábrica en la cual podrías trabajar".

Y el relato sobre un futuro posible funcionó, y lograron llegar a la embajada y refugiarse. Años después, terminada la guerra, George ingresó a la fábrica de su padre y encontró al joven que iba a matarlos y lleno de furia interpeló a su padre sobre cómo podía trabajar con quien había querido asesinarlos. Y el padre simplemente le contestó: "Le di mi palabra".

Y fue con esa misma entereza que culminó su charla. Le preguntaron sobre la capacidad de perdón, de seguir adelante, de continuar con la vida y de ser feliz. Y nos habló de cómo la naturaleza humana es increíblemente resistente, pero que esa resistencia hay que ejercerla. Y agregó: "Nosotros no somos los típicos ejemplos de víctimas del Holocausto. Los ejemplos típicos no están hoy entre nosotros". Y nos instó a siempre hacer el bien. A, independientemente de las situaciones que la vida nos presente, buscar SIEMPRE hacer lo correcto. Y dentro de ese hacer lo correcto nos recordó que vivir implica intentar mantener ciertos estándares, aunque a veces resulte imposible. Y que luchar por esos estándares (como hacer siempre lo correcto) es lo impide que el mal predomine y gane la batalla.

Y me quedé con eso. Con cómo dentro de las historias de supervivencia que pude escuchar a lo largo de mi –corta– vida, la de los Donath es una historia de integridad, de entereza, y de cómo aun en un momento de profunda oscuridad, se puede seguir siempre intentando hacer lo correcto.

Tags:

  • George Donath
  • Holocausto
  • resiliencia
  • hacer lo correcto

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