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La historia se repite

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Roberto Rubio-Fabián / Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

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Cuando la historia se repite, a veces es bueno repetir lo que se ha escrito sobre ella. Hace 6 años escribí un artículo donde analizaba los resultados electorales de 2012, el cual sigue teniendo validez para analizar los resultados electorales de 2018. El lector juzgará si ha sido un “déjà vu”. He acá los principales párrafos de dicho artículo.

“La derrota del FMLN es significativa. Lo es cuantitativamente hablando: tuvo cerca de 140 mil votos menos para diputados y 90 mil menos para alcaldes respecto a 2009, perdió 4 diputados, pasó de una presencia municipal abarcando un 52 % de la población en 2009 a un 32 %, perdió un par de cabeceras departamentales y se quedó solo con tres, etcétera.

Asimismo, es una derrota cualitativamente importante: dejó de ser la primera fuerza política, perdió el monopolio de la mayoría calificada en la Asamblea, deja de ser mayoría en el COAMSS, tuvo una fuerte derrota en la capital, perdió en el departamento de San Salvador importantes y simbólicos bastiones municipales, la mayoría de la población no le hizo caso a su apuesta de voto por bandera, le pone empinada la cuesta hacia las presidenciales, etcétera.

‘El cambio sigue’ decía el eslogan del FMLN antes de las elecciones. ‘El cambio debe seguir... pero dentro del FMLN’ tendría que ser ahora su eslogan poselectoral... tiene mucho que cambiar hacia adentro: definir mejor su identidad de izquierda frente a un mundo que está derribando paradigmas y enfoques del pasado, fomentar el debate interno, explicitar con nitidez su apuesta por la ética y la democracia, alejarse de la corrupción y la opacidad, evitar los radicalismos y conservadurismo izquierdista, ser más eficiente y efectivo en sus políticas y acciones, ser más sensible y concreto de cara a las necesidades de los pobres y marginados, redefinir su relación con el Ejecutivo, abrirse más a otros sectores, ir adelante y no atrás de las demandas democráticas de la ciudadanía, jugar en serio a la democracia interna, priorizar capacidad sobre lealtad, entre otros aspectos. No basta poner un candidato de fuera. Hay que cambiar pensamiento y comportamiento hacia adentro. Si el FMLN no se lanza en serio al cambio, su llegada al gobierno será recordada como un pasajero accidente histórico.

En el caso de ARENA, su triunfo fue más cualitativo (primera fuerza, llave de mayoría calificada, mayoría en Asamblea y COAMSS, mayor cobertura poblacional, etcétera) que cuantitativo (solo subió un poco más de 16 mil votos respecto a la elección legislativa de 2009). Su victoria se debió más a la caída del FMLN que a una subida de sus votantes. Por tanto, si quiere aspirar a ganar las presidenciales, y ganar el voto no militante y no ideológico, también tiene que impulsar importantes cambios internos: una derecha moderna y no conservadora, abierta a otros sectores, con mayor democracia interna, aproximarse a los pobres y sectores medios más que a los ricos, más sensible a las necesidades de los marginados, distanciarse del pasado de corrupción y cooptación del Estado. Definitivamente, para ARENA y el FMLN, el dilema es cambiar o no cambiar”.

Por lo visto, la dinámica política del país está contribuyendo a mover telarañas. Algunos avances apreciamos en democracia interna. Sin embargo, los cambios partidarios son todavía muy insuficientes e inciertos, y esto sigue dejando abierta la puerta al populismo.

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