La historia vuelve a repetirse, como dice el tango; y con frecuencia hay repeticiones que parecen absurdos juegos del tiempo

Hace algunos días, revisando ediciones antiguas de LA PRENSA GRÁFICA me encontré por casualidad con el Editorial del día lunes 27 de marzo de 1967; es decir, hace justamente 50 años.
Enlace copiado
La historia vuelve a repetirse, como dice el tango; y con frecuencia hay repeticiones que parecen absurdos juegos del tiempo

La historia vuelve a repetirse, como dice el tango; y con frecuencia hay repeticiones que parecen absurdos juegos del tiempo

La historia vuelve a repetirse, como dice el tango; y con frecuencia hay repeticiones que parecen absurdos juegos del tiempo

La historia vuelve a repetirse, como dice el tango; y con frecuencia hay repeticiones que parecen absurdos juegos del tiempo

Enlace copiado
El mismo día, hace nada menos que cinco décadas. Y de inmediato atrapó mi atención el título de dicho Editorial: “Epitafio prematuro para el Zoológico del Modelo”. Caramba, pensé, es como el tiempo no hubiera pasado, porque aparte del dato administrativo de que el Parque Zoológico Nacional estaba entonces dentro del organigrama del Ministerio de Educación y hoy está a cargo de la Secretaría de Cultura de la Presidencia de la República, las opiniones expresadas en el texto de aquel lunes son casi perfectamente aplicables a lo que ha ocurrido en estos días respecto de la misma institución. Como si el tiempo no hubiera pasado, en el peor sentido del término.

El caso dramático y patético de la muerte del hipopótamo Gustavito, que aún no se esclarece a satisfacción, puso la situación del Zoológico Nacional en la primera plana entre los temas que se discuten en el ambiente. Y aunque, como siempre ocurre, nuevas cuestiones coyunturales vienen a dejar de lado lo que en un determinado momento gana portadas, ahí está la cuestión, en las mismas condiciones. De seguro en la muerte de Gustavito confluyen elementos de variada índole, la mayoría de los cuales apuntan a la falta de efectividad institucional y al presunto descuido en el trato de los seres que están dentro del Zoológico.

Traigamos a esta columna algo de lo que se dice en el Editorial del 27 de marzo de 1967: “Ha venido llamando la atención pública el descuido en que está cayendo el Jardín Zoológico del Modelo. Un distinguido profesor, preocupado por las pésimas condiciones que hoy rodean al Jardín Zoológico, ha elaborado un epitafio prematuro. Dice que tal como están las cosas bien podría colocarse una lápida con esta inscripción: Aquí fue el Zoológico Nacional. Se perdió por negligencia de las autoridades correspondientes”.

“El Jardín Zoológico del Modelo es importante no solamente por el dinero invertido, sino por los beneficios que rinde. Es uno de los pocos sitios de recreo con que cuenta la ciudad capital. Es un lugar de esparcimiento, al mismo tiempo que propicio a la enseñanza objetiva de ciencias naturales para los alumnos de las escuelas. Esas jaulas del Zoológico encierran no solamente más atractivos que el libro de texto de ciencias naturales, sino que son una viviente lección de diversos aspectos de la zoología. Las distintas aves, con la diversidad de sus figuras, tamaños y plumajes. Los simios que se mueven en sus jaulas u observan curiosos desde la ‘isla de los monos’. Las víboras que se enroscan al parecer indolentes en las ramas. Los lagartos que parecieran de piedra en el fondo del agua. El camello, los leones, las cabras y todo ese conjunto de animales que atraen la atención, la curiosidad de los visitantes, son también un auxiliar valioso para el muchacho que llega en vías de estudio”.

Pues bien, 50 años después, parece que al respecto nos encontramos en las mismas condiciones, como dice el bolero. Es como si en este punto específico, y de seguro en muchísimos otros, estuviéramos viéndonos en el mismo espejo, sin tomar la debida conciencia de que esa reiteración lo que hace es alimentar los viejos círculos viciosos. Por ello resulta cada vez más urgente entender en concreto que la evolución es parte fundamental de la vida, y que al no atenderla como se requiere se pierden energías, se desaprovechan oportunidades y se mantiene viva la perversa cultura de los “epitafios prematuros”.

El Parque Zoológico del Modelo ha venido a recordarnos que tenemos que cambiar de veras el chip de los comportamientos tanto institucionales como sociales. El país evoluciona, a pesar de todo; pero si la conciencia nacional no acompaña efectivamente tal evolución seguiremos tropezando y dando tumbos a cada paso. Todas las condiciones del presente empujan hacia el mejoramiento integral. Que no haya más “epitafios prematuros”.
 

Tags:

  • David Escobar Galindo
  • zoologico
  • Secretaria de Cultura
  • hipopotamo
  • Gustavito

Lee también

Comentarios

Newsletter