¿La hora 23 y media...?

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¿Faltan 30 minutos en el reloj del cielo, solo 30 minutos, Señor, en tu cronómetro? Los segundos transcurren y los tiempos del tiempo no regresan. El hombre ensimismado en la praxis del siglo solo ambiciona glorias y poder y riquezas y placeres inciertos que envilecen su espíritu... Políticos y gobernantes insinceros.

Las guerras no terminan, el odio y la lujuria son un blasón en la conducta humana, el amor es un mito, la codicia un derecho, la discriminación un estandarte de razas prepotentes y la muerte de millones de seres humanos solo una resta en la fría estadística de organismos mundiales.

La tierra se estremece, el hambre y la miseria se agudizan, las pasiones sin freno embrutecen al hombre, los lagos, los bosques y los mares agonizan, los pájaros no cantan, los niños no sonríen, los ríos y las brisas ya no susurran como lo hacían antes.

¿Faltan 30 minutos todavía? ¿Un corto tiempo de angustia o de esperanza? ¿Hemos gastado inútilmente tantas y tantas horas del reloj de los siglos que vamos inexorablemente enrumbando los pasos al final del camino?

Danos tiempo, Señor, tiempo para lavar nuestra lujuria, el estúpido rencor, el detestable odio, la enfermiza codicia, para vencer este egoísmo nuestro que nos lacera el alma y llénanos de amor, amor sencillo que llene el corazón de inmenso gozo al dar nuestro calor hermano al huérfano, al anciano, al que mendiga pan y al que no tiene abrigo...

Danos tiempo para llenar el corazón adolorido con la maravillosa paz de Jesús el Nazareno, el Alfarero Divino, nuestro Amigo fiel y nuestro misericordioso redentor.

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