La hora de los “indecisos” (II)

Antes de que se publicara la primera parte de este artículo, decidí escribir la segunda, cuando advertí que la primera podría dejar la sensación de que subestimo la validez del “voto duro” o que lo considero un voto inconsciente, irracional o equivocado. No. Para nada. Votar por una bandera o una ideología determinada es absolutamente válido, siempre que se haga de forma racional, consciente y voluntaria.
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El “voto duro” adquiere más solidez en las condiciones de polarización ideológica resultantes del conflicto social que trajo consigo una confrontación armada cuyas secuelas aún estamos padeciendo.

Me he tomado la libertad de caracterizar al votante “duro” como aquel que tiene definido su voto por una bandera, antes de conocer quiénes serán sus candidatos; decisión válida y respetable que no desdice de la calidad del votante. Pierde legitimidad y calidad, sin embargo, cuando se hace a cambio de prebendas o regalos, lo que desdichadamente ocurre todavía con mucha frecuencia.

También he caracterizado al votante “flexible” –más bien “reflexivo”– como el que se guarda su decisión para el último momento y que suele aparecer en las encuestas como el que “no sabe” o “no responde” pero que en última instancia es el que decide quién gana.

Aún cuando hasta este momento ignoramos los resultados oficiales de las recientes elecciones, algunos ganadores ya han sido reconocidos por sus contrincantes, echando por tierra ciertos pronósticos y haciendo quedar mal a prestigiosas casas encuestadoras y al mismo TSE. ¿Estará creciendo el número de “indecisos” o el “voto duro” se estará “flexibilizando”? No me inclino por ninguna de estas posibilidades porque podría haber otras alternativas, pero de ningún modo un fraude electoral, pese a todas las predecibles irregularidades que se puedan encontrar en el proceso del escrutinio final.

Los que hemos observado el curso de los acontecimientos sin pasión partidaria y con la objetividad que nos otorga nuestra conciencia y entendimiento sabíamos que las últimas sentencias de la Sala de la Sala de lo Constitucional relacionadas con el proceso electoral acarrearían serias complicaciones relacionadas con la información hacia el votante, con la capacitación de los miembros de las juntas electorales y con el recuento final. Ciertamente, el lapso comprendido entre la fecha de emisión de dichas sentencias y el día de las elecciones fue muy corto para la implementación de un novedoso sistema de votación, pero a fin de cuentas... ¡No pasa nada!, excepto el hecho de que los resultados serán entregados un poco más tarde. Se espera que todo será mejor en las sucesivas elecciones, especialmente si se crean los distritos electorales, que nos evitarán tener papeletas de votación de hasta 200 sonrientes rostros o más.

Defiendo las sentencias de la Sala de lo Constitucional, que algunos podrían calificar como inoportunas. Las defiendo porque de no haber sido emitidas por sus actuales magistrados no sé si los magistrados que en el futuro la constituyan tendrán la talla suficiente como para atreverse a hacer lo que los actuales están haciendo.

Hago esta afirmación tomándome el riesgo, como ellos se lo han tomado, de que se me endilgue militancia partidaria que no tengo. Finalmente, me atrevo a predecir que la maduración de la conciencia política de los salvadoreños va a seguir creciendo, como crecerá también la tasa de los “indecisos” y las preferencias por el voto cruzado, aunque el “voto duro” siempre tendrá un respetable lugar.

Los salvadoreños tenemos mucha experiencia en fraudes electorales y ya no nos toman el pelo fácilmente, pero tampoco nos tragamos el cuento del fraude donde no existe.

El pueblo ha madurado. Los políticos deberían imitarlo.

Tags:

  • voto duro
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