La hora del planeta Tierra

De acuerdo con el sitio oficial de Naciones Unidas, este año, el Día de la Madre Tierra se centrará en las ciudades verdes, con el objetivo de movilizar a millones de personas para lograr un medio ambiente saludable y sostenible. Recientemente, fuimos testigos de cómo miles de personas se sumaron a la marcha blanca por la paz y la justicia en El Salvador. Ese día hasta gozamos de un asueto nacional y para los organizadores el objetivo fue cumplido.
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En nuestro medio, será difícil lograr que la gente marche por el Día de la Tierra de igual manera aun cuando en este caso se trate de hacer conciencia que la vida podría desaparecer si no se cambian los patrones de consumo actuales.

El Día Internacional de la Tierra se instauró por los años setenta, la Asamblea General de Naciones Unidas en reconocimiento de que la Tierra y sus ecosistemas son nuestro hogar. En la actualidad, más de la mitad de la población mundial vive en las ciudades. A medida que la población urbana crece y los efectos del cambio climático empeoran, nuestras ciudades deben evolucionar. Hay que hacer cambios como sociedad y esos cambios deben comenzar con nuestras actitudes hacia los demás. Necesitamos funcionarios comprometidos con hacer bien las cosas y el sector privado, igualmente, debe dar muestras serias de cambio. Es el motor del crecimiento del país, que genera empleos y estabilidad, pero también necesitamos que sean propositivos y acompañen las estrategias que se están diseñando para avanzar en materia económica, social y ambiental.

Esperemos que en esta nueva gestión legislativa que está por comenzar se den signos alentadores, por ejemplo la aprobación de una ley que garantice la sustentabilidad del agua.

Es hora del planeta Tierra y no me refiero a apagar la luz por un momento, es tiempo de invertir en energías renovables y en eficiencia energética.

En El Salvador ha habido muchos avances, comenzando por el cambio de la legislación para la “democratización” del acceso a las energías renovables. Hace 10 años, producir energía limpia era tan costoso como la comercialización misma y esto dificultaba su masificación; asimismo, existe una mejor oferta de profesionales que preparan diagnósticos energéticos e implementación de soluciones “a la medida” para suplir las necesidades de las empresas o de las residencias. También existen nuevas líneas de financiamiento para el impulso de las energías renovables, aunque aún hay poca investigación sobre el impacto de las energías limpias y la economía del medio ambiente.

De todos es sabido que la energía limpia está amarrada al combate al cambio climático, y para evitar esas graves consecuencias es imprescindible cambiar el actual modelo energético y hacerlo sostenible; esto implica hacer una cambio escalonado de las fuentes de energía más contaminantes y peligrosas, así como educar a la población para que evite el consumo excesivo de energía. Si se descuida esta última parte, producir energía limpia, puede ser contraproducente a los esfuerzos que desde el sector público, privado, la academia y con el apoyo de la cooperación internacional se viene haciendo por impulsar nuevos sistemas energéticos que no solo produzcan energía limpia, sino que hagan un modelo sostenible en el cual se evidencien los múltiples beneficios para todos los involucrados.

Entonces, si es posible vivir en un país mejor, el llamado también va dirigido a los jóvenes, para que no desperdicien este momento único en sus vidas y lo inviertan en su formación pues así cosecharán cosas positivas.

Nuestros vecinos costarricenses demostraron que sí es posible hacer cosas distintas. La diferencia es que ellos hace más de 75 años le apostaron a la educación y ahora tienen un país llamado “Costa Rica verde e inteligente”; no pretendo hacer halagos innecesarios, solo digo que a pesar de que llevamos la misma sangre, tenemos costumbres similares y hasta casi hablamos igual, pero el desarrollo de ese país está por encima del resto de la región y seguramente podemos aprender mucho de ello. Necesitamos abrirnos hacia la posibilidad de transferencia de buenas prácticas entre nuestros países y así aprender y enseñarnos mutuamente.

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