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La importancia de que Centroamérica siga creciendo

Si bien las tasas de crecimiento económico esperadas para Centroamérica dan espacio para estar moderadamente satisfechos, es fundamental verlas en el contexto de los desafíos que enfrentan los países del istmo.
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Este año se celebra el 25 aniversario de la publicación del Banco Mundial, Global Economic Prospects (GEP). Desde su lanzamiento, en 1991, este informe ha examinado la evolución de la economía a nivel internacional con un especial énfasis en los países emergentes y las economías en desarrollo.

El documento, que se publica dos veces al año, permite conocer las perspectivas económicas de cada país, de acuerdo con los análisis del Banco Mundial. La relevancia de estos datos es clave para el manejo de las políticas económicas. Pues las desviaciones que se registran durante el año respecto de esas previsiones –ya sea a la baja o al alza– requieren ajustes en las políticas públicas.

Las últimas perspectivas económicas del GEP, emitidas en junio, revelan una serie de mensajes de gran importancia para Centroamérica. Mensajes que nos recuerdan los retos, las oportunidades y el panorama diverso que existe en la región.

El primero es un mensaje claramente positivo: Centroamérica sigue creciendo. Nuestras proyecciones establecen que la región tendrá un crecimiento económico del 3.8 por ciento en promedio en 2016, 3.9 por ciento en 2017 y 4 por ciento en 2018.

Esto es especialmente significativo si tenemos en cuenta que la situación en el resto de América Latina se ha vuelto muy compleja en los dos últimos años. De acuerdo con las proyecciones del GEP, la región se contraerá en 2016 un 1.3 por ciento, incluso por debajo de la contracción de 0.7 por ciento del año anterior. Por primera vez en más de 30 años, la región de América Latina y el Caribe enfrenta dos años consecutivos de recesión.

El segundo mensaje es que si bien las tasas de crecimiento económico esperadas para Centroamérica dan espacio para estar moderadamente satisfechos, es fundamental verlas en el contexto de los desafíos que enfrentan los países del istmo. El principal reto es el de una tasa de pobreza promedio (entendida como el número de personas que viven con menos de $4 al día), que sigue estando por encima del 40 por ciento.

Esta es claramente una cifra elevada si se compara con el 11 por ciento de pobreza del Cono Sur, el 25 por ciento de los países andinos y, a nivel más general, el 23 por ciento de la región latinoamericana en su conjunto. Reducir esta tasa requerirá de un crecimiento económico aun mayor al observado, sobre todo si se tiene en cuenta que el crecimiento poblacional en Centroamérica es mayor que en Latinoamérica en su conjunto.

Recordemos que lo que reduce la pobreza es la tasa de crecimiento per cápita, entendida como la diferencia entre el crecimiento económico y el crecimiento de la población, por lo cual los países que tienen mayor aumento de su población necesitan más crecimiento económico.

El tercer mensaje que nos mandan las últimas proyecciones económicas es que los países de Centroamérica siguen presentando situaciones muy diversas, con tasas muy positivas en algunos casos y otras más modestas.

En el extremo positivo tenemos a Panamá donde se esperan tasas de crecimiento por encima del 6 por ciento entre 2016 y 2018. También Nicaragua presenta una situación optimista, con un crecimiento previsto para este año de 4.4 por ciento, convirtiendo al país en el tercero de mayor crecimiento en Latinoamérica.

Del otro lado encontramos a países como El Salvador, que se prevé que crezca entre el 2.2 y el 2.3 por ciento entre 2016 y 2018. Este país no solo presenta un estancamiento económico desde hace tiempo, sino que además sus proyecciones se han recortado un 0.3 por ciento este año. Ello se debe en gran parte a los retos fiscales que está enfrentando El Salvador.

Otro país con retos fiscales importantes es Costa Rica. Esta nación, que está previsto que crezca un 3.3 por ciento este año, ha experimentado un recorte en las proyecciones realizadas en enero pasado, algo que atribuimos más concretamente a la necesidad urgente de reducir el déficit fiscal del sector público.

En cuanto a Honduras y Guatemala las proyecciones para 2016 son de 3.4 y 3.5 por ciento respectivamente, tasas que se prevén que aumenten modestamente en 2017 y 2018.

El crecimiento económico es vital para el desarrollo, sobre todo si es inclusivo, de manera que todos los miembros de la sociedad, y particularmente los más desfavorecidos, se beneficien de él. El reto de Centroamérica es el de seguir trabajando para acelerar ese crecimiento y hacerlo cada vez más inclusivo, un objetivo que desde el Banco Mundial apoyamos y vamos a seguir apoyando.

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