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La importancia de una buena amistad con México

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Roberto Mejía

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A nuestro país se le presenta ahora la oportunidad de mejorar y ampliar la relación con México, un tanto opacada, tras los desplantes del presidente Funes, de no querer reunirse con el presidente Enrique Peña Nieto, en las dos visitas que realizó a tierras centroamericanas, aduciendo tenía otros compromisos, y después, con el actual gobierno, que hizo todo lo posible en las reuniones de la OEA para que fracasara la gestión de México, en la denuncia al régimen de Maduro.

A esa página ya le dimos vuelta y ahora la importancia de una buena amistad debe ser la pauta a seguir con un país tan cercano a El Salvador, con el que estamos unido por múltiples lazos y la única rivalidad conocida ha sido en el ¡fútbol!

Hace 181 años se establecieron las relaciones diplomáticas, y vale la pena recordar algunos hechos histórico-políticos a lo largo de este tiempo, como fue el apoyo en la etapa de la revolución mexicana, del presidente Carlos Meléndez al presidente constitucionalista Venustiano Carranza, enviándole un lote de rifles, y en agradecimiento Carranza le obsequió al país en 1916 una estación inalámbrica, y de allí el nombre de Venustiano Carranza al parque cercano a la antigua Casa Presidencial de San Jacinto. Cuando México fue vetado por Estados Unidos para formar parte de la Liga de las Naciones (antecesora de la ONU), el internacionalista y destacado diplomático salvadoreño José Gustavo Guerrero realizó gestiones junto a otros colegas europeos y lograron su ingreso y, más cercano, dos acontecimientos de particular importancia: la controvertida Declaración Franco-Mexicana en 1981, que otorgaba reconocimiento al movimiento guerrillero salvadoreño, como oposición al gobierno; y la firma de los Acuerdos de Paz en enero de 1992, en el castillo de Chapultepec, de la capital mexicana, entre el Gobierno de El Salvador y el FMLN, sobre los cuales todavía nos seguimos abriendo paso.

Por supuesto ha habido y hay diferencias en los intereses de ambos países, pero siendo realista, El Salvador es el más interesado en buscar una aproximación con el nuevo gobierno mexicano de Andrés Manuel López Obrador, para poder trabajar en un tema de actualidad de política exterior: el de los migrantes, que como salvadoreños, estamos obligados a darle un seguimiento constante y con resultados, porque se avecinan tiempos difíciles para México, por las medidas políticas o económicas –presiones– del presidente Trump, que bien pudieran afectar a ese país, si no hace algo sobre el fenómeno migratorio, y ahora algo nuevo, el surgimiento de grupos nacionalistas en México, que cuestionan a las autoridades por recibir a los migrantes, protestando y mostrando hostilidad hacia ellos.

Como no hay tiempo que perder, a principios de abril, el presidente electo emprendió su primera gira de trabajo a México, reuniéndose con el presidente López Obrador, quien lo recibió en su despacho, y seguramente abordaron el tema de los migrantes, que llegan a México en su recorrido hacia Estados Unidos. El contacto entre ambos tuvo sus primeros frutos, al anunciar posteriormente el presidente mexicano "que hará una gira por el estado de Chiapas, fronterizo con Guatemala, en conjunto con el presidente electo de El Salvador, Nayib Bukele, para conocer la forma en que se implementa el plan Sembrando Vida, impulsado por su gobierno..." (LPG, 3 abril, 2019).

El primer paso ha sido dado para reactivar una buena relación con México, teniendo como referencia esa visita. En apariencia se vislumbra optimismo, con un nuevo impulso, que ojalá también se proyecte para atraer inversiones y fomentar la cooperación en todos los órdenes, que México bien puede aportar a nuestro país.

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