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La incertidumbre y la incapacidad (2)

Individualmente uno tiene posibilidades de superar una crisis al actuar con convicción y firmeza. Pero cuando el problema es de una colectividad sin unificación de criterios y diversidad de intereses el problema a resolver es más complejo. El ser humano por naturaleza es egoísta.

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Rafael Rodríguez Loucel

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Esa particularidad bien encauzada hace grandes a las sociedades, porque permite que ese defecto individual de carácter bien encauzado haga grande a la humanidad y oportunamente capitalizado crea e innova constantemente con efecto multiplicador y ha hecho grandes a países hoy en día identificados como desarrollados.

La incertidumbre frecuente o permanente por el contrario vuelve a las sociedades incapaces y sumisas a perpetuidad. La existencia de egoístas muchos identificado como políticos contrarrestan el efecto primario de iniciativas individuales con mucho potencial. Ese potencial que toda sociedad tiene por contar con individuos inteligentes y emprendedores se ve contrarrestado en algunas sociedades por defectos capitales que caracterizan al subdesarrollo, abanderados por la corrupción. En una sociedad en progreso el excedente anual generado luego del pago a los factores productivos básicamente los salarios, las utilidades, la renta, surge un remanente que conforma el presupuesto de la nación y acervo primario para el progreso de los países.

Son relativamente pocos países que apuestan por la innovación. La gran mayoría se auto condenan a un subdesarrollo a perpetuidad pregonando la mala suerte de su origen y de sus antepasados; no le apuestan a una superación individual argumentando que todos los seres poseemos la misma capacidad potencial, física y mental. Se autodenominan inferiores y los empresarios e inversionistas criollos en su mayoría han disminuido el empuje, el riesgo y la reinversión que le caracterizó en los sesenta y setenta. Todo pareciera indicar que la mentalidad de condena al subdesarrollo es casi generalizada.

Diciembre, un mes que destaca la aprobación del presupuesto de la nación en las actividades del gobierno. Desde el punto de vista contable el presupuesto aparece formalmente equilibrado, pero ello no significa que económicamente lo esté. El déficit en proporción al PIB ha presentado una tendencia ascendente. Resultado que es preocupante sobre todo por la mala imagen que ello representa en la comunidad financiera internacional, sobre todo al considerar que ante la ausencia de una política monetaria por la dolarización, la política fiscal adquiere una importancia todavía más relevante. Igual preocupación es el laxo crecimiento del producto anual a precios constantes que por muchos años no alcanza el 3 %.

Esta consideración de carácter económico aislada es solo para señalar la indiferencia ciudadana ante la problemática integral que acontece en el país también en los campos social y político. Ya se empiezan a advertir los típicos disensos por la prevalencia partidista sobre los intereses de un conglomerado. La falta de consenso tan necesaria para un país que adolece de una crisis integral hace que la todavía falta de unificación de criterios y ausencia de patriotismo haga resurgir esas añejas características que destacan al país: la incertidumbre y la incapacidad y que vuelven a resurgir la negligencia en aminorar una problemática tan compleja, como lo es una crisis socio-político y social acumulada.

Como expone un editorial de LPG: "La inversión no se va a dar por movimiento espontáneo: hay que activar las condiciones reales que la hagan factible".

Todavía es tiempo para que los actuales señores diputados den una muestra clara de conciencia ciudadana por encima de toda connotación exclusivamente político partidista.

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  • problema
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  • innovación
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