Lo más visto

Más de Opinión

La incertidumbre y la incapacidad

La incertidumbre es una sensación mental accidental o pasajera provocada por la falta de confianza o seguridad.

Enlace copiado
Rafael Rodríguez Loucel

Rafael Rodríguez Loucel

Enlace copiado

Generalmente desaparece con la certeza que origina la disipación de la duda original. Los seres humanos vivimos momentos y hasta periodos de incertidumbre y hasta ciclos de desconfianza. La sociedad salvadoreña nace, se desarrolla y fenece en una desconfianza absoluta y permanente. La mayoría de los salvadoreños viven en la desesperanza, debido a que millones de ellos, generaciones enteras y el país como un todo han visto pasar décadas sin observar progreso alguno. Sí, unos pocos: los aprovechados de circunstancias lícitas o no; ese famoso 1 % nacional y mundial.

La mayoría de los salvadoreños en teoría tienen una esperanza de vida al nacer que se aproxima a los setenta años. Un poco más un poco menos y por lo tanto algunos tenemos la experiencia acumulada. Hemos vivido suficiente, y podemos parodiar al célebre autor colombiano, "vivir para contarla", en vista de haber nacido en un país que se asemeja a ese Pueblo grande como Macondo, en algunos lugares con costumbres similares. Los días pasan y para la gran mayoría sin que suceda nada extraordinario, simplemente trabajar y protegerse de la inseguridad cotidiana.

Despertar, satisfacer las necesidades fisiológicas, pegarse al celular al oído y empezar a escuchar las noticias cotidianas plagadas de robos, asesinatos y daños diversos al prójimo y como repetidoras comentarlas con los que nos rodean. Subdesarrollados por siempre, destino nefasto en un ambiente de pocas probabilidades y pocas eventualidades: laxo (propio del subdesarrollo).

De repente surge algo extraordinario que agita nuestra comodidad. Un malestar físico que se vuelve una constante y que nos hace darnos cuenta de que somos mortales. Acudimos al médico y el malestar no cede, se repite y se agudiza. En algún tiempo fuimos al Seguro Social y hoy al poder pagar por asistencia privada acudimos a los servicios que ofrece un seguro médico hospitalario. El mal continúa y nos sentimos incapaces. Es entonces que pensamos en el prójimo y en los males que padece la humanidad.

Nos sentimos incapaces y acudimos a un poder superior, que en mi caso es Dios, y suplicamos su benevolencia. Cuánta injusticia, cuánta maldad, cuánta mala distribución del ingreso a nivel mundial y nacional. Y pareciera que nos volvemos susceptibles al dolor que la humanidad en general padece y como que nos quitásemos el velo que nos impide ver la realidad por estar absortos en nuestro yo, nos asomamos a la ventana. La realidad país está a la vista. La capital habitualmente enmascarada por los gases que emanan de tantos vehículos que circulan a diario por las calles y veredas del país.

Años, siglos han pasado y en El Salvador con la excepción de algunos edificios convertidos en apartamentos y comercios modernos, los pueblos muestran su pobreza, ya no hay aire sino desaire, ya no hay parques sino parkings, empresas fantasmas, más consumidores y menos ciudadanos, aglomeraciones en lugar de ciudades, ya no hay realidades sino fantasías, ya no hay visiones sino televisiones. Todo es plástico. Ya no se aprende a cómo producir sino a cómo enriquecerse sin importar el cómo.

En esos descansos obligados uno concluye que todo sigue igual, la pobreza predomina, la corrupción persiste a nivel nacional, países vecinos y en el mundo. La batalla por el poder y la pobreza se agigantan y el final individual o colectivo pareciera que se aproxima.

Tags:

  • incertidumbre
  • desconfianza
  • subdesarrollo
  • realidad

Lee también

Comentarios

Newsletter
X

Suscríbete a nuestros boletines y actualiza tus preferencias

Mensaje de response para boletines