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La incredulidad del trabajador informal

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Licenciado en Economía con Máster en FinanzasJosé es técnico de lavadoras y me comentó que no le pone mucha atención al debate sobre las pensiones porque nunca ha tenido prestaciones, ni de ley ni de empresa, y que ni falta le hacen porque trabaja de manera independiente y, además, considera que la discusión era más reflejo de intereses creados que por alcanzar una solución. Su caso, de acuerdo con los datos de la EHPM de 2016, pertenece a las 1,898 mil personas que forman parte del sector informal, que equivalen al 70 % de los llamados ocupados, del país.

Entre temas como impago y crisis fiscal, el país camina cansado entre la incredulidad y la ambigüedad, suscitando desconfianza entre los ciudadanos, lo cual quebranta los ánimos y la cohesión social. De la misma manera, algunos colegas economistas me externaron su clara posición pesimista ante el impago. Otros, incluso, me escribieron dándolo por hecho, para consultar información e ir cuantificando los daños.

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Ante la gravedad de la situación en relación con el impago, escribí una columna (“En vilo entre la incapacidad y la falta de liderazgo”) en la que concluí que “debería surgir un liderazgo con la sabiduría de saber las posiciones y recobrar el camino, discerniendo cuándo cambiar, posponer o hacer valer una posición”. También, en otra columna, “El impago, la Patria y el FMLN”, escrita por Manuel Enrique Hinds, se deja entrever cómo la situación era parecida a la de las dos mujeres ante el rey Salomón, reclamando a un niño. Para resolver la controversia, el rey amenaza (impago) diciendo que va a partir el niño (el país) en dos.

Afortunadamente, la historia fue diferente. Podemos afirmar que algo de sabiduría se ha asomado, los inmediatos impagos fueron subsanados, y, tanto como no es posible que se parta a una persona en dos, tampoco se dejó que el país cayera en el precipicio del impago, al menos esta vez. No obstante, y más importante aún, dejan en la palestra la duda positiva de si creer que, entre las vicisitudes y discusiones, hay oportunidades para guiar al país por mejores senderos.

Aun con todo eso, hay muchos retos por delante, en cuenta la informalidad y el resto de temas fiscales. Caminando en la ruta que el tema de pensiones se ha trazado, o incluso mejorándolo, no hay que olvidar que cualquier forma o mecanismo para organizar los temas de pensiones se relaciona con el mercado laboral y su poca formalidad, donde los trabajadores hacen aportes de manera obligatoria para una contraprestación o derecho. ¿Qué pasaría si se les pide a los informales que aporten en una cantidad? ¿Estarían dispuestos? ¿Se les puede obligar? ¿Cómo pueden aportar una cantidad constante si tienen ingresos que varían? ¿Qué valorización tienen sobre sus ingresos a futuro? ¿Podría derribar lo actuado su incredulidad? Evidentemente, estos aspectos tienen que ver con otra esfera y no se pueden resolver de la noche a la mañana.

En fin, reales y humanos problemas esperan por ser resueltos con, por ejemplo, un crecimiento económico altochance e inclusivo, donde además se vaya revirtiendo la sensación de apatía, fragmentación y total desconfianza que, tal como José, la gente guarda.

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