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La indiferencia también es cómplice

A 25 años de los Acuerdos de Paz... ¿podemos decir que tenemos paz? Cuando hay familias que sufren en carne propia la violencia, y otros que sufren porque aún son sensibles al dolor ajeno.
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Un día de estos me dormí con un gran dolor en mi corazón, al saber que una mujer humilde y luchadora, vendedora de un pequeño mercadito, deja su casita, sus muebles, sus perritas y su corazón para proteger a su adolescente hijo que ha sido amenazado, y huye como si ella fuera la delincuente.

Este es solo un caso, pero son muchas las familias de las comunidades del área rural y de la ciudad que siguen siendo víctimas de la violencia de aquellos hijos de la guerra, que guardan en sus corazones resentimiento y desamor; y que sin importar dañar y herir con crueldad a sus propios hermanos salvadoreños, les roban sus sueños y oportunidades.

Este es un tema, demás comentado, que duele cada vez que nos enteramos de que un amigo, una amiga o un desconocido tiene que abandonar su casa, su cantón e incluso su país, por una amenaza de estos “mal hijos”. Igualmente duele y decepciona, ver a los tomadores de decisiones en confrontaciones estériles que no abonan a la paz sino que suman al problema pero distraen.

Ya no quería escribir sobre el tema de la violencia y la injusticia con los más débiles, pero es imposible no hacerlo, la indiferencia también es cómplice.

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Tags:

  • acuerdos de paz
  • indiferencia
  • violencia
  • desplazados

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